Desean eliminar las escenas de la Navidad

Lo significativo del nacimiento de Jesucristo

Hasta hace poco el pesebre era una escena característica de la época de la Navidad, pero en nuestros días se ha convertido en un asunto político y objeto de ataques por aquellos que odian el cristianismo.

Tanto los casos judiciales como las leyes que demandan eliminar las escenas de la Navidad lo que en realidad intentan es eliminar al mismo Cristo. La única razón por la que algunos se ofenden es porque han rechazado al recién nacido representado en el pesebre; pero sus intentos nunca podrán borrar el impacto que Jesucristo tiene en el mundo.

El escenario humilde de un establo y las personas sencillas que se reunieron alrededor del pesebre en donde estaba el Niño Jesús no transmiten lo significativo del nacimiento más importante en la historia de la humanidad. Este niño era el Hijo de Dios, quien vino al mundo como un recién nacido, para vivir entre nosotros. Creció como cualquier otro niño, y trabajó como carpintero hasta que comenzó su ministerio.

El Hijo de Dios vino para cumplir el plan de su Padre de redimir a los seres humanos. Para aquellos que hemos reconocido a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, la Navidad es un recordatorio de nuestra salvación. No tememos a la muerte, pues nuestros nombres han sido escritos en el Libro de la vida del Cordero. Esta bendita certeza no está basada en lo que hemos hecho para merecer la salvación, sino solo en lo que Cristo hizo para rescatarnos del pecado y la condenación. Lo único que tuvimos que hacer fue responder con fe al mensaje del evangelio, el cual fue ilustrado en la sencilla escena de su nacimiento.

En Colosenses 1.15-20 se describe a este maravilloso bebé:

[15] “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
[16] “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
[17] “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
[18] y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
[19] por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
[20] y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

El recién nacido hijo de María era Dios, Creador, Supremo, Sustentador y el Primogénito de entre los muertos por la resurrección. Conocer su verdadera identidad debería motivarnos a postrarnos en adoración y gratitud. Gracias a que Dios Hijo nació como un bebé, vivió como hombre, murió en la cruz por nuestros pecados, fue resucitado y ascendió de regreso al Padre en el cielo, tenemos la esperanza de la vida eterna.

El escenario humilde de la natividad fue la escena milagrosa.

El nacimiento de Cristo no fue impresionante según el criterio humano, pero el valor de una persona no se determina por lo que le rodee. Los caminos de Dios no son como los nuestros. Esperábamos que su Hijo naciera en un palacio y no en un sencillo pesebre prestado. Aunque a simple vista parecía común y corriente, este nacimiento fue un milagro. El santo Hijo de Dios llegó como un bebé humano, aunque en todo momento mantuvo su divinidad.

Nada de esto puede ser explicado por el razonamiento humano, pero sí aceptado por fe. Y aquellos que se arrepienten de sus pecados y confían en Jesucristo como Salvador, Señor y Maestro reciben el mayor de los regalos; la salvación de su alma y la esperanza del cielo.

Aun así, a muchos les resulta difícil creer que Dios vino como un recién nacido. Para ellos la historia bíblica de la Navidad es imposible y absurda. Una de las razones por las que no pueden comprenderlo es porque no quieren hacerlo. Creer que esta historia significa que tendrán que alejarse de los pecados que disfrutan. Como no están dispuestos a hacerlo, rechazan la importancia de la escena del pesebre.

Todo cambió gracias al nacimiento de Jesucristo.

La Navidad no gira en torno a los regalos, a las comidas ni a la diversión, sino en torno a la venida del Salvador. Sin el bebé del pesebre, no hubiera habido cruz, ni resurrección, ni esperanza de vida eterna. Pero todo sucedió de acuerdo con el plan de salvación que Dios había trazado antes de la fundación del mundo. Su mayor revelación a la humanidad llegó por medio de su Hijo, quien vino a este mundo como un infante.

Todo cambió en el momento en el que Jesucristo fue concebido por el Espíritu Santo en el cuerpo de una virgen llamada María. Vino a salvar a los pecadores y a cambiar la vida de todos los que creyeran en Él. Todos los que le reciben como Salvador y se arrepienten de sus pecados, por medio de la fe, nacen de nuevo y se les otorga el regalo de la vida eterna.

El camino de la salvación es tan sencillo, que aún un pequeño niño puede comprender y recibir por fe el ofrecimiento que Cristo hace para perdón de pecados y el regalo de la vida eterna; pero a la misma vez más allá de nuestro entendimiento. No podemos comprender cómo Dios siendo infinito vino en forma de niño, ni podemos captar los milagros que Cristo hizo, ni el alcance del precio que pagó en la cruz para comprarnos con su sangre. Pero la entrada a su reino es sencilla; lo único que tenemos que hacer es prestar atención al Espíritu Santo mientras nos convence de nuestros pecados, nos vuelve a Dios y nos ayuda a confiar en Jesucristo, a través de su muerte, para salvación.

La Navidad revela la obra de Dios.

La escena del pesebre no es algo que debamos descartar o considerar como una mera decoración navideña. Es una representación de los caminos de Dios, los cuales son más altos que los nuestros. Su obra siempre es perfecta, santa, recta, pura y verdadera. Pero aquellos que aún no han nacido de nuevo no pueden comprender sus caminos y por eso no aprecian todo lo que implica la historia del nacimiento de Jesucristo.

Los caminos del Señor en nuestra vida también son más altos que los nuestros. Él nunca se equivoca, aunque sí permite situaciones que no son de nuestro agrado. Nos cuida mientras enfrentamos dolor, dificultades y sufrimientos, y su gracia, bondad, amor y misericordia hacia nosotros nunca fallan. No podemos depender de la opinión del mundo o de nuestro propio razonamiento para entender lo que Jesucristo hace en nuestra vida, pero sí podemos confiar en que ese bebé que nació en esa primera Navidad es nuestro Salvador y que tanto las circunstancias que enfrentamos en el presente como nuestro futuro eterno están seguros en Él.

PASAJE CLAVE: Colosenses 1.15-20

LECTURAS DE APOYO: Juan 3.3

REFLEXIÓN

  • ¿Qué le viene a la mente cuando observa la escena del pesebre durante la Navidad? ¿Qué significado tiene para usted el bebé del pesebre? ¿Es su Señor y Salvador, o le ha ignorado con tal de seguir su propio camino?
  • ¿De qué manera ha visto revelados los caminos más altos de Dios en la historia de la Navidad? ¿Cómo los ha visto en su propia vida?

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