Valentía para enfrentar peligro y muerte

Valentía para enfrentar peligro y muerte

 

En algún momento de nuestra vida todos enfrentamos situaciones peligrosas, y eventualmente enfrentaremos la muerte.

En este mensaje, el Dr. Stanley expone claramente el origen de la valentía incondicional de Pablo.

Es por eso que debemos estar preparados para el encuentro que tendremos con Dios. Los cristianos contamos con un fundamento que las demás personas no tienen. Sin importar lo que suceda, sabemos que el Señor está siempre con nosotros. Él es la fuente de nuestra fortaleza y quien nos promete el cielo como destino eterno.

El apóstol Pablo enfrentó muchos peligros en su vida. De hecho, sabemos que, al escribir su última carta a Timoteo, estaba a punto de ser ejecutado. Y como estaba convencido de que Timoteo enfrentaría los mismos desafíos, le anima con las siguientes palabras: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Ti 1.7).

La vida de Pablo es un maravilloso ejemplo de perseverancia, pues enfrentó muchos sufrimientos y peligros. De acuerdo a 2 Corintios 11.23-27, padeció prisiones, azotes, apedreamiento, naufragio y su vida peligró en varias ocasiones. Y al haber enfrentado todo esto con valentía, tenía la autoridad para darle este mensaje a Timoteo.

Definiciones de valentía

  • La valentía es la cualidad mental y espiritual que nos capacita para enfrentar el peligro, la oposición y los desafíos de la vida con audacia, calma y firmeza. La valentía se demuestra al hacer aquello que tanto tememos.
  • La valentía nos hace orar en medio del temor.
  • La valentía consiste en arrinconar el miedo un minuto más.

Esta es la valentía con la que Pablo contaba y la que Dios desea ver en nosotros. Como hijos suyos, no tenemos ninguna razón para sentir miedo, pues Él vive en nosotros y promete sostenernos en medio de cualquier peligro, incluso al enfrentar la muerte.

Las razones de la valentía de Pablo

Al final de esta carta que escribió a Timoteo, Pablo expresa su testimonio personal, el cual nos muestra por qué estaba dispuesto a enfrentar sufrimiento, peligro y muerte:

  • Su experiencia de redención en el camino a Damasco. Pablo, quien solía ser llamado Saulo, era un celoso perseguidor de la Iglesia. Habiendo recibido permiso de los líderes judíos para ir a Damasco a perseguir a los creyentes, una gran luz lo rodeó en el camino. Al caer al suelo, escuchó una voz que le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hch 9.4). Luego, al preguntarle Saulo quién era el que le hablaba, le respondió lo siguiente: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (v. 5). Este fue el momento en el que su vida cambió de curso. De perseguir a la Iglesia, vino a ser un apóstol de Cristo para llevar el mensaje de salvación a muchos lugares. Y después de ese momento, estuvo dispuesto a padecer persecución y muerte sin temor alguno.
  • La carrera que debía realizar como seguidor de Jesús. Después de su conversión, la meta de Pablo era proclamar el evangelio, pues sabía la consecuencia eterna que tendría en la vida de otras personas. Por eso estaba dispuesto a enfrentar cualquier dificultad y sufrimiento. Incluso, al estar cerca de la muerte, se mantuvo valiente, pues sabía que había terminado la carrera que el Señor le había dado (2 Ti 4.7).
  • “He peleado la buena batalla”. En todo momento enfrentó oposición de parte de aquellos que rechazaban el mensaje de Cristo. Pero, aunque le apedrearon, encarcelaron y golpearon, continuó declarando el mensaje del evangelio que le había salvado.
  • “He acabado la carrera”. Pablo comparó la vida cristiana con una carrera y supo que había cumplido con todo lo que el Señor le había encomendado. A pesar de los obstáculos, nunca se rindió, sino que siguió siendo obediente hasta el último día de su vida.
    Al igual que Pablo, también nosotros tenemos una carrera por delante, la cual el Señor ha escogido para cada uno de manera individual. No nos llama a todos a que hagamos la misma labor, y por eso no debemos compararnos con los demás. Nuestra meta debe ser mantenernos fieles y obedientes a Él en aquello que ha planificado para cada uno, y perseverar en la carrera de la fe hasta el final de nuestra vida.
  • “He guardado la fe”. La verdad que aprendió del Señor la compartió con aquellos que le escucharon. Este fue el tesoro que le confió a Timoteo, para que lo compartiera con las próximas generaciones. Y es también el mismo mensaje del evangelio que hoy proclamamos. Todo cristiano tiene la responsabilidad de mantener la fe, defenderla y compartirla con otros.

La recompensa que le esperaba después de la muerte

“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquél día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti 4.8). Como Pablo había vivido siendo fiel al Señor y a su llamado, tenía la confianza de que, al morir, sería recompensado.

Lo mismo sucederá en la vida de todos los que sigamos su ejemplo al pelear la buena batalla, terminar la carrera y guardar la fe. El Señor evaluará nuestras obras al llegar al cielo, para que seamos recompensados. De acuerdo a 1 Corintios 3.11-17, nuestras obras serán probadas con fuego para revelar el valor que tienen. Aquellas que sean consumidas como la madera, la hojarasca y el heno no serán recompensadas. Sin embargo, las que son comparadas con el oro, la plata y las piedras preciosas serán purificadas con el fuego y producirán recompensas.

La convicción de saber que Dios estaba con él

Antes de terminar su última carta a Timoteo, Pablo hace un recuento de las dificultades y sufrimientos que había enfrentado al acercarse al final de su vida (2 Ti 4.9-16). Sin embargo, termina con las siguientes palabras: “Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león” (v. 17). El apóstol sabía que Dios estaba siempre con él, sin importar lo difícil de la situación que enfrentara. Por eso enfrentaba cualquier peligro de muerte con valentía, pues sabía que viviría eternamente con el Señor. Y todos nosotros, como creyentes en Cristo, tenemos la misma promesa de vida eterna.

REFLEXIÓN

  • ¿Cuán preparado se siente para enfrentar el peligro y la muerte? ¿Qué promesas de la Biblia pueden llegar a silenciar su miedo y darle la valentía que necesita?
  • ¿Acaso se siente tan confiado como Pablo para afirmar que pelea la buena batalla, corre la carrera que tiene por delante y guarda la fe? ¿De qué manera el ejemplo de Pablo le motiva a vivir siendo más fiel a Dios?

PASAJE CLAVE: 2 Timoteo 4.6-8

LECTURAS DE APOYO: Hechos 9.1-6, 18-20 | 1 Corintios 3.11-17 | 2 Corintios 11.23-27 | 2 Timoteo 1.7; 4.5, 9-17 | Hebreos 9.27

 

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