¿Cómo usted enfrenta el temor?

¿Cómo usted enfrenta el temor?

Victoria sobre el temor

Todos hemos experimentado este sentimiento en algún momento de la vida. Por ejemplo hemos llegado a temer por nuestra salud, por la familia, el trabajo, etc. El Dr. Stanley nos enseña a poner toda nuestra confianza en la Palabra de Dios.

 

 

Vivimos en una época de mucho temor.

Estamos rodeados de incertidumbres que nos ocasionan dolor y que pueden abrumarnos con preocupaciones. En efecto, nuestra sociedad está asediada por el temor; basta con escuchar, leer o ver las noticias para enterarnos de eventos aterradores que ocurren en el mundo.

Pese a todo eso, el pueblo de Dios ha sido llamado a vivir sin temor (Sal 46.10). Pero, ¿cómo podemos estar quietos o calmados en medio de una generación atemorizada? La única manera es recordando lo que el Señor ha prometido para fortalecernos, ayudarnos y defendernos, sin olvidar que Él siempre cumple su palabra.

DESARROLLO DEL SERMÓN

¿Qué es el temor?

Es la sensación inquietante de miedo, como una alarma o advertencia de que algo malo sucederá, que es ocasionada por una amenaza o sentimiento de pérdida de control en cualquier situación.

Por otra parte, cuando la Biblia habla del “temor de Jehová”, no se refiere a una sensación negativa, sino a la demostración de respeto y reverencia al Dios santo y justo que nos “corona de favores y misericordias” (Sal 103.4). Vemos, entonces, que el temor de por sí no es malo, pero que si nos acosa de continuo puede convertirse en un problema de enormes proporciones.

¿Por qué sentimos temor?

Tengamos presente que la Biblia nos dice que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Ti 1.7). Entonces, ¿de dónde proviene el temor?

  • De actitudes aprendidas en la niñez. En su deseo de educarnos y protegernos, nuestros padres pueden haber infundido en nosotros la idea de que el temor afecta nuestro estilo de vida.
  • Imaginación. A veces el sistema nervioso no puede distinguir entre un peligro imaginario y uno verdadero. Todos tendemos a crear y luego creer en temores infundados que nos afectan negativamente.
  • Ignorancia. Muchos de nuestros temores se basan en información errónea y no en la verdad.
  • Dudas. El Señor es la fuente de nuestra seguridad, pero si dudamos de su amor, su paciencia y su perdón, el temor remplaza nuestra confianza y nos impide disfrutar de “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Fil 4.7).

Las consecuencias del temor.

Es natural que todos experimentemos momentos de confusión inexplicable, pero si permitimos que nos controlen, habrá serias consecuencias debido a que el temor:

  • Divide nuestra mente. Si las aprensiones nos distraen, nos será difícil hacer frente a nuestra realidad cotidiana.
  • Reprime nuestra facultad de pensar y actuar como debemos. Al dividir nuestra mente no pensamos con la debida claridad y comenzamos a experimentar las consecuencias adversas.
  • Causa indecisión. A menudo nos sentimos paralizados ante cualquier tipo de decisión y preferimos abstenernos de intervenir como debemos.
  • Nos esclaviza con sentimientos de incertidumbre. Nos negamos a actuar por temor a cometer algún error, por pequeño que parezca.
  • Bloquea nuestro crecimiento espiritual. Si sentimos temor de someternos a la voluntad de Dios, jamás podremos llegar a ser ni lograr lo que nos ha propuesto y espera de nosotros.
  • Afecta nuestra salud física. La ansiedad prolongada y temerosa es parte integrante de una gran variedad de padecimientos físicos como enfermedades cardiovasculares, hipertensión, jaquecas, úlceras, trastornos digestivos y de la piel. También se manifiesta en nuestros hábitos de alimentación y actividad física.

¿Qué debemos hacer para obtener la victoria sobre el temor?

  • Reconocer su presencia. Antes de intentar contrarrestar sus efectos, debemos admitir que se trata de un problema serio que no debemos descuidar ni permitir que se arraigue en nosotros.
  • Identificar su origen. Ante una situación con resultados inciertos o como consecuencia de una decisión equivocada, preguntémonos a qué se debe nuestro temor. Tan pronto como determinemos su verdadero origen podremos proceder a resolverlo.
  • Cambiar nuestro enfoque. Cuando fijamos nuestra atención en nuestros temores, estos crecen, demandan más esfuerzos de nuestra parte y casi siempre determinan nuestras decisiones. La única manera de anular este proceso negativo es enfocándonos en el arma más poderosa que tenemos a nuestra disposición: la Palabra de Dios.
  • Depender de Isaías 41.10. Convencidos de que estamos frente a una verdadera tempestad, tomemos este versículo como ancla firme de nuestra fe y forma de proceder. Principia diciendo: “No temas, porque yo estoy contigo”. Es el mismo Jehová Dios, el Yo soy, el soberano Creador del universo y que domina sobre todos (Sal 103.19) quien ratifica lo que nos ha dicho: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente” (Jos 1.9); porque es omnipotente y ha prometido: “siempre te ayudaré, siempre te sustentaré”. Además, por una parte vemos que se trata de una intervención a nivel personal que destaca su relación estrecha con cada uno de nosotros y que siempre está dispuesto a cumplir lo que ofrece. Por otra, que está dispuesto a entrar en acción con un instrumento invencible: la diestra de su justicia.
  • Es una batalla de fe. Basados en la certeza absoluta de que el Señor es fiel, amoroso y omnipotente, no tenemos razón alguna para aferrarnos a nuestras ansiedades ni albergar temor. Él cumplirá su promesa de auxiliarnos en todo momento a fin de que obtengamos la victoria definitiva ante todo temor y ansiedad.

REFLEXIÓN

  • ¿Qué debemos hacer con nuestros temores? Podemos continuar aferrados a ellos y sufrir las consecuencias negativas o confiar plenamente en las promesas del Señor y depositarlos en sus manos amorosas. Aunque no podamos cambiar nuestra situación, no tenemos por qué temer.
  • Por consiguiente, notemos que en Isaías 41.10 Dios no dice que nos librará de circunstancias adversas sino que promete que nos fortalecerá y nos ayudará a sobrellevarlas. Siempre que nos sintamos acosados por la incertidumbre, recordemos quién nos sostiene. En las manos del Dios omnipotente, podremos hacer frente a cualquier temor y ansiedad que intente controlar nuestra vida y alterar nuestra relación con nuestro Padre celestial.

PASAJE CLAVE: Isaías 41.10-13

LECTURAS DE APOYO: Josué 1.9 | Salmo 46.10; 103.4, 19 | Filipenses 4.7 | 2 Timoteo 1.7

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