La Biblia y la maternidad

“¿Qué dice la Biblia acerca de ser una madre cristiana?”


El ser una madre, es un papel muy importante que el Señor elige otorgar a muchas mujeres. Se dice que las madres deben amar a sus hijos. En Tito 2:4-5 leemos, “… que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” En Isaías 49:15a la Biblia dice, “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?” ¿Cuándo comienza la maternidad?

Los hijos son un regalo del Señor (Salmo 127:3-5). En Tito 2:4, aparece la palabra griega “phileoteknos”. Esta palabra representa una clase especial de “amor materno.” La idea que se desprende de esta palabra es la de “preferir” a nuestros hijos, “cuidar” de ellos, “alimentarlos”, “abrazarlos con amor”, “cubrir sus necesidades”, “entablar una tierna relación” a cada uno como si fuera el único salido de la mano de Dios. Se nos manda en la Escritura el ver el “amor materno” como nuestra responsabilidad. En la Palabra de Dios se les ordena tanto a las madres como a los padres, llevar a cabo varias cosas en la vida de sus hijos:

Estando disponibles – mañana, tarde y noche (Deuteronomio 6:6-7)

Involucrándose – interactuando, acordando, pensando y procesando la vida juntos (Efesios 6:4)

Enseñándoles – con las Escrituras, el punto de vista bíblico del mundo (Salmo 78:5-6Deuteronomio 4:10Efesios 6:4)

Entrenándoles – ayudando al niño a desarrollar sus habilidades y descubrir su potencial (Proverbios 22:6)

Disciplinándoles – Enseñándoles en el temor de Dios, señalándoles sus límites en forma consistente, amorosa y firme (Efesios 6:4Hebreos 12:5-11Proverbios 13:2419:1822:1523:13-1429:15-17)

Nutriéndoles – Proveyendo un ambiente de constante soporte verbal, libertad de fallar, aceptación, afecto y amor incondicional (Tito 2:42 Timoteo 1:7Efesios 4:29-325:1-2Gálatas 5:221 Pedro 3:8-9)

Moldeándolos con integridad – Viviendo lo que enseñes, siendo un modelo mediante el cual un niño pueda aprender, “captando” la esencia de una vida piadosa (Deuteronomio 4:91523Proverbios 10:911:3Salmo 37:1837).

La Biblia nunca ordena que todas las mujeres deban ser madres. Sin embargo, dice que aquellas que son bendecidas para ser madres, deben tomar seriamente esa responsabilidad. Las madres deben tener un único y crucialmente importante papel en la vida de sus hijos. La maternidad no es un trabajo o tarea desagradable. Al igual que una madre lleva a su bebé durante el embarazo, y alimenta y cuida de niño durante su infancia, así también las madres juegan un constante papel en las vidas de sus niños, adolescentes y jóvenes adultos, y aún cuando llegan a la edad madura. Mientras que el papel de la maternidad debe cambiar y desarrollarse – el amor, el cuidado, la educación y el ánimo que da una madre, nunca debe terminar.

¿Qué tiene que decir Dios a las madres solteras?

 

La Biblia no se dirige directamente a las madres solteras, pero hay muchos ejemplos de la interacción tierna de Dios con mujeres, madres, viudas y sus niños. Estos ejemplos y la ternura de Dios se aplican si una madre es soltera o casada o enviudada o divorciada. Dios conoce a cada persona íntimamente y conoce su situación completamente. La Biblia advierte que el sexo fuera del matrimonio es pecaminoso y peligroso y traerá problemas, uno de los cuales es que una mujer debería criar a un niño sola, que es indudablemente difícil. Y si es su propio pecado que ha resultado en la maternidad soltera, nuestro Dios de gracia todavía quiere ofrecerle ayuda y consuelo. ¡Y lo mejor es que Él ofrece el perdón de sus pecados a través de Jesucristo y el consuelo eterno del cielo para la madre que le acepta, los niños que le aceptan, y hasta el padre separado que le acepta!

Pero a menudo una mujer se encuentra sola, criando niños sin culpa alguna por su propia cuenta. Lamentablemente, las mujeres suelen ser víctimas inocentes de un mundo asolado por la guerra y el terrorismo. Esposos van a la guerra y nunca regresan, desinteresadamente dando sus vidas por sus países. Si la muerte de un marido ha dejado a una mujer sola con los niños, no cabe duda de que Dios ayudará y consolará a esa mujer.

Dios se preocupa por las familias. Pero está más preocupado que cada persona, no importa cómo se compone su familia, se arrepienta del pecado y entre en una relación con Él. Él quiere que le conozcamos, porque conociéndolo sus criaturas nos trae alegría y a Él le trae gloria. Nos centramos en los detalles de nuestras vidas, preocupados por lo que otros piensan de nosotros, o si la iglesia nos aceptará, o si hemos arruinado las cosas completamente. Pero Dios llama a los cristianos a la alegría de no preocuparnos. Él ha dicho que debemos echar todas nuestras ansiedades sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Él quiere llevar la carga, perdonar nuestros pecados y luego olvidar nuestros pecados, ayudándonos a seguir adelante. Todo lo que Él nos pide hacer es conocerlo, deleitarnos en Él y confiar en Él. A menudo las madres solteras son personas muy responsables, y a veces puede ser difícil “dejar a un lado” sus inquietudes y preocupaciones. Una madre soltera podría sentirse culpable sólo de pensarlo. Pero Dios nos manda a hacerlo de todas formas, pasar un poco de tiempo cada día centrándonos en Él, y confiar (durante el resto del día) en que Él proveerá nuestras necesidades, tanto físicas como emocionales, al apoyarnos en Él.

Para una madre soltera esto implica apartar un tiempo para leer la Biblia y orar. Ella podría pensar, “Simplemente no tengo tiempo para hacer esto entre el trabajo, la crianza de un niño, el cuidado de la casa y todo lo demás.” Pero si incluso por una media hora, cuando su niño está durmiendo o siendo cuidado por un pariente o amigo, ella puede dedicar un tiempo a hablar con Dios en la oración y escuchar Su voz en la Escritura, incluso si esto implica el no terminar de limpiar la casa, ella experimentará la extraordinaria fuerza y Presencia consoladora de Dios con ella durante el resto del día. La memorización de textos bíblicos como “Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Salmo 118:6 ) o “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13 ) proveerá los recuerdos de Su amor y protección cuando las cosas se vuelven difíciles o estresantes.

Entonces, ¿qué tiene que decir Dios a las madres solteras? Lo mismo que Él dice a todos los demás. Arrepentirse del pecado, confiar en Cristo para el perdón, comunicarse con Dios mediante la oración, escuchar Su voz a través de las Escrituras, apoyarse en Dios para recibir fortaleza en medio de las pruebas y poner su esperanza en la asombrosa vida eterna con Él que Él ha planeado. “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9)

¿Deberían todas las madres ser amas de casa?

 

El tema de ser ama de casa es uno que ha causado mucha controversia, especialmente en los países occidentales donde muchas mujeres trabajan fuera del hogar. Realmente hay sólo dos versículos o pasajes directos que hablan de una madre permaneciendo en casa con sus hijos. Tito 2:3-5 dice, “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. El otro versículo directo es 1 Timoteo 5:14, que dice, “Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia”. Otra traducción de la frase “cuidadosas de su casa” en el pasaje de Tito 2, es “ser guardianes en casa”.

También considere algunos versículos indirectos. Proverbios 14:1 dice que es sabio cuando la mujer edifica su casa. Aunque no es necesario ser un ama de casa para edificar su hogar, vemos la prioridad que Dios pone en el hogar y en la participación de la mujer. Claramente, el hogar no se debe descuidar en aras del empleo externo. Deuteronomio 6:4-9 enseña la importancia de enseñar constantemente a nuestros hijos. Por supuesto, esto va dirigido tanto a los padres como a las madres. Quedarse en casa con los niños, sólo daría más oportunidades para enseñarles lo que Dios dice en Su Palabra. Por lo tanto, es una inversión positiva que se hace en las vidas de los niños si se aplica literalmente este pasaje de las escrituras.

Por último, Proverbios 31 es el conocido pasaje de la excelente esposa y madre. De la descripción que se hace de ella, aprendemos que esta madre trabajó fuera de casa. Ahora bien, a su familia nunca le falto nada. Ella mantuvo un balance adecuado, por lo tanto su familia nunca sufrió. Su familia siempre fue su prioridad. Mientras que la biblia le da a las mujeres la posibilidad de quedarse en casa con los niños o ir a trabajar fuera del hogar, ciertamente es algo loable el que una madre este en casa con los niños y se dedique a su formación tiempo completo. A las mujeres sin duda se les anima en pasajes tales como Tito 2 y 1 Timoteo 5, para que permanezcan en casa con sus hijos pequeños. Sea lo que sea que escoja la mujer, ella debe mantener su hogar como una prioridad y como su principal esfera de influencia.

¿Qué dice la biblia acerca de la crianza de los hijos?

 

Dios creó a la familia. Su diseño era para que un hombre y una mujer se casaran de por vida y criaran hijos que conozcan y honren a Dios (Marcos 10:9Malaquías 2:15). La adopción también es la idea de Dios, y Él la demuestra al adoptarnos como hijos suyos (Romanos 8:1523Efesios 1:5). Independientemente de la forma por la cual entran en una familia, los hijos son un don de Dios, y Él se preocupa por la forma en que ellos son criados (Salmo 127:334:11Proverbios 23:13-14). Cuando Dios nos da dones, Él también da instrucciones claras sobre cómo usarlos.

Cuando Dios sacó a los israelitas de la servidumbre, Él les ordenó que enseñaran a sus hijos todo lo que había hecho por ellos (Deuteronomio 6:6-711:19). Él deseó que las generaciones venideras siguieran cumpliendo todos sus mandatos. Cuando una generación no logra inculcar las leyes de Dios en la siguiente generación, la sociedad declina rápidamente. Los padres no sólo tienen una responsabilidad para con sus hijos, sino que además tienen una tarea de parte de Dios para difundir Sus valores y verdad en las vidas de sus hijos.

En varias partes la escritura da instrucciones concretas a los padres acerca de cómo criar a sus hijos. Efesios 6:4 dice, “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Hay varias maneras en que los padres pueden provocar a sus hijos a ira. Algunos padres fijan normas imposibles, a fin de que un niño se desespere y nunca llegue a alcanzarlas. Algunos padres se burlan, ridiculizan o humillan a sus hijos como una forma de castigo, y que lo único que hace es provocarlos a ira. La incoherencia también puede provocar la ira, ya que un niño nunca está seguro de las consecuencias de sus acciones. La hipocresía provoca la ira en los niños cuando los padres exigen un comportamiento de los niños que ni siquiera ellos mismos están teniendo.

“Criarlos en disciplina y amonestación del Señor ” significa que los padres deben formar a sus hijos así como Dios lo hace con nosotros. Como Padre, Dios es “tardo para la ira” (Números 14:18Salmo 145:8), paciente (Salmo 86:15), y perdonador (Daniel 9:9). Su disciplina está diseñada para llevarnos al arrepentimiento (Hebreos 12:6-11). Su instrucción se encuentra en Su Palabra (Juan 17:17Salmo 119:97), y Él desea que los padres llenen sus casas con Su verdad (Deuteronomio 6:6-7).

Él también disciplina a Sus hijos (Proverbios 3:11Hebreos 12:5) y espera que los padres terrenales hagan lo mismo (Proverbios 23:13). Salmo 94:12 dice, “Bienaventurado el hombre a quien tú, Señor, corriges, y en tu ley lo instruyes”. La palabra disciplina viene de la raíz discípulo. Disciplinar a alguien significa hacer un discípulo de él. La disciplina de Dios está diseñada para “conformarnos a la imagen de Cristo” (Romanos 8:29). Los padres pueden hacer discípulos de sus hijos al inculcarles los valores y las enseñanzas de la vida que han aprendido. En la medida que los padres practican una vida agradable a Dios y toman decisiones controladas por el Espíritu (Gálatas 5:1625), pueden alentar a sus hijos a seguir su ejemplo. Una disciplina adecuada y consistente, produce un “fruto de justicia” (Hebreos 12:11). La falta de disciplina resulta en deshonra tanto para los padres como para los hijos (Proverbios 10:1). Proverbios 15:32 dice que quien ignora la disciplina “menosprecia su alma”. El Señor trajo juicio sobre Eli el sacerdote porque permitió que sus hijos deshonraran al Señor y “no los estorbó” (1 Samuel 3:13).

Los hijos son una “herencia del Señor” (Salmo 127:3). Él los coloca en familias y da a los padres la orientación en la forma como deben ser educados. El objetivo de ser buenos padres es producir hijos sabios que conozcan y honren a Dios con sus vidas. Proverbios 23:24 muestra el resultado final de la crianza de los hijos de acuerdo al plan de Dios: “Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él”.

¿Qué dice la biblia acerca de los hijos desobedientes?


Desde el niño pequeño que sólo ha aprendido la palabra “no”, hasta el niño mayor que actúa con rebeldía intencionada, todos los padres enfrentan el desafío de tener niños desobedientes. Y, el punto central del asunto, es que la desobediencia no es sólo un asunto de niños. La biblia nos enseña que todos batallamos con el deseo de gobernarnos a nosotros mismos y de hacer lo que nos plazca, porque todos nacemos en pecado y en rebelión (Salmo 51:5Efesios 2:3Romanos 3:107:17-21). Esta batalla contra la autonomía, puede librar una guerra sin cuartel en nuestros hijos si no se le pone freno a su desobediencia; una guerra que afectará sus futuras relaciones con profesores, empleadores, amigos, cónyuges, padres ancianos, e incluso con su Padre celestial. Sin embargo, cuando acudimos a la biblia, encontramos una gran esperanza en el hecho de que Dios nos da las herramientas para entrenar y disciplinar niños desobedientes, e incluso promete bendiciones para quienes aprenden y crecen en obediencia.

El mandamiento de honrar y obedecer a los padres está presente en toda la escritura, comenzando en Éxodo cuando Dios da los diez mandamientos (Éxodo 20:12), pasando por todo el antiguo testamento (Levítico 19:3Deuteronomio 5:16Proverbios 1:86:20-2123:22) y hasta el nuevo testamento. Tanto Jesús como el apóstol Pablo reafirman el quinto mandamiento (Mateo 15:419:19Efesios 6:1-3Colosenses 3:20) y la promesa que viene con él. A los niños se les alienta en cuanto a que su obediencia traerá bendición y larga vida (Éxodo 20:12Jeremías 35:17-19Efesios 6:3Colosenses 3:20), mientras que a los niños desobedientes que deshonran a sus padres, se les advierte que su comportamiento traerá castigo y vergüenza (Levítico 20:9Deuteronomio 21:1827:16Proverbios 10:115:520:2030:17Mateo 15:4). La desobediencia frecuente a los padres será algo característico de la sociedad en el final de los tiempos (2 Timoteo 3:2).

La nación de Israel, a quien Dios llama Sus hijos (Éxodo 4:22), proporciona un ejemplo de hijos desobedientes. Repetidamente, Dios le ordena a Israel que lo obedezca, prometiendo grandes bendiciones por la obediencia y terribles consecuencias por la desobediencia. En los día de Josué, Israel obedeció a Dios y fue bendecido con la victoria sobre sus enemigos (Josué 11:23). Más tarde, como lo muestra todo el libro de Jueces, la desobediencia de Israel trajo problemas.

La biblia enseña la necesidad de corregir a hijos desobedientes. La disciplina es parte de la vida de todos, y aquellos que se rebelan contra la autoridad de los padres, deben ser castigados. Proverbios 19:18 dice, “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo”. En este versículo, se presenta la disciplina de un niño como un asunto de vida o muerte. Cuando no se le pone freno a la desobediencia, conducirá a un niño a una eventual ruina. Proverbios 13:24 dice, “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige”. Aquí, el amor y la disciplina cuidadosa van de la mano. Se refuta la idea de que un padre “amoroso” nunca disciplinará a un hijo. Hacerse el ciego ante la rebelión es aborrecer al hijo rebelde.

Efesios 6 es un pasaje clave. El versículo 1 habla a los hijos: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres”. Es decir, la obediencia a los padres es el deber dado por Dios para cada niño. Mientras que las órdenes de los padres no violen la Palabra de Dios, los hijos deben obedecer. El versículo 4 habla a los padres: “Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. El deber de los padres es educar a sus hijos de forma piadosa e instruirlos en la Palabra del Señor. Al hacerlo, los padres preparan a sus hijos para la mejor oportunidad de tener una vida larga y próspera en este mundo (versículo 3), y también tesoros en los cielos (Mateo 6:20Gálatas 6:8-9Efesios 1:3-4).

¿Cómo deben los cristianos disciplinar a sus hijos? ¿Qué es lo que dice la Biblia?

 

Hace unas décadas, el darles unas nalgadas a los niños era una práctica comúnmente aceptada. Sin embargo, en años recientes, el darles nalgadas (y otras formas de castigo corporal) ha sido reemplazado con “tiempos fuera” y otros castigos que no involucran la disciplina física. De hecho, el darle nalgadas a los niños ha sido considerado como ilegal en algunos países. Muchos padres temen corregir de esta forma a sus hijos, por el miedo a ser reportados al gobierno y que les sean quitados sus hijos. No hay que malentenderlo – de ninguna forma estamos abogando por el maltrato infantil. Un niño jamás debe ser disciplinado físicamente hasta el punto que pueda causarle un daño físico. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, es bueno que el niño cuente con restricciones y una apropiada disciplina física, que contribuya a su sano desarrollo y bienestar.

De hecho, muchas Escrituras promueven la disciplina física. “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá.” (Proverbios 23:13-14) Hay también otros versos que apoyan la corrección física (Proverbios 13:2422:520:30). La Biblia habla enfáticamente de la importancia de la disciplina; es algo que todos debemos tener para ser personas productivas y es mucho más fácil aprenderlo mientras aún somos pequeños. Los niños que no son disciplinados, crecen en rebelión, no tienen respeto por la autoridad, y como obvio resultado, no estarán dispuestos a obedecer y seguir a Dios. Él utiliza la disciplina para corregirnos y guiarnos por el camino correcto; así como para llevarnos al arrepentimiento de nuestras acciones (Salmo 94:12Proverbios 1:76:2312:113:115:5Isaías 38:16Hebreos 12:9) Estos son sólo algunos de los versos que hablan sobre lo bueno de la disciplina.

Aquí es donde reside el problema; muchas veces los padres son, o muy pasivos o muy agresivos cuando se trata de disciplinar a sus hijos. Aquellos que no creen en el castigo físico, algunas veces carecen de la habilidad para corregir y disciplinar correctamente, causando que sus hijos crezcan como niños revoltosos y desafiantes. Esto lastimará a sus hijos a la larga. “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15). Luego, están aquellos padres que pueden malentender la definición bíblica de la disciplina (o tal vez es que sólo sean personas abusivas) y la usan para justificar el abuso y maltrato de sus niños.

La disciplina se utiliza para corregir y guiar a la gente por el camino correcto. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11). La disciplina de Dios es amorosa, como debe ser entre el padre y el hijo. El castigo físico nunca debe ser usado para causar un dolor o daño físico permanente, sino como un golpe rápido (en el trasero, donde hay más “relleno protector”), para enseñar al niño que lo que hizo está mal y es inaceptable. Nunca debe ser usado sin control o para descargar nuestro enojo y frustraciones.

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:4). Criar a un niño en la “disciplina y amonestación del Señor” incluye la disciplina correctiva, establecer límites, y sí, amorosa disciplina física.

 

¿Promete la biblia que una crianza piadosa resultará siempre en hijos piadosos (Proverbios 22:6)?

 

Proverbios 22:6 señala, “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. ¿Promete este versículo que la crianza de los hijos en una manera piadosa siempre tendrá como resultado que los niños que sigan a Dios siendo adultos? ¿Qué pasa con todos los padres piadosos cuyos hijos se rebelan?

Proverbios, como una forma literaria, no son promesas directas; por el contrario, son observaciones generales de la vida que normalmente son verdaderas. Esto ayuda a explicar por qué algunos padres fielmente crían sus hijos para seguir a Dios, y aun así, el niño se rebela contra Dios siendo un adulto.

Proverbios 22:6 nos enseña que generalmente es cierto que un niño que ha sido criado amando a Dios, seguirá haciéndolo como un adulto. Esta fue la observación de la vida desde hace 3.000 años, y continúa siendo así hoy en día. La mayoría de los padres cristianos que crían a sus hijos en una manera piadosa, dejarán un legado de hijos que aman a Dios cuando sean adultos. Criar a un niño en “la disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4) aumenta considerablemente la probabilidad de que el niño se aferre a Cristo mas adelante en su vida.

Un gran ejemplo bíblico se puede encontrar en la vida de Timoteo. En 2 Timoteo 1:5 Pablo dice, “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. Tanto la madre como la abuela de Timoteo amaron a Dios y criaron a Timoteo para que hiciera lo mismo. Timoteo se unió a Pablo como un colaborador de misiones siendo joven y se convirtió en uno de sus compañeros de mayor confianza. El nuevo testamento menciona el nombre de Timoteo veinticinco veces como misionero, colaborador de los apóstoles y como pastor.

La crianza piadosa es esencial hoy en día, así como ha sido a lo largo de la historia. Los padres y las madres son la clave para levantar mujeres y hombres piadosos que amen a Dios y que vivan para Él. A pesar de la bendición que son los pastores, los líderes juveniles y otras influencias de personas que aman a Dios, nadie puede reemplazar el papel de padres piadosos que viven su fe cristiana y la transmiten a sus hijos. Esta es la razón por la cual el autor de Proverbios 22:6puede afirmar con toda razón, “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

 

¿Qué significa instruir a un niño en el camino que debe seguir?”

 

El consejo de Salomón para los padres es “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Criar y formar a un niño dentro del contexto de este proverbio, significa que comienza con la biblia, entendiendo que: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir…” (2 Timoteo 3:16). Enseñar a los niños las verdades de las escrituras los hará sabios para la salvación (2 Timoteo 3:15); enteramente preparados para toda buena obra (2 Timoteo 3:17); preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ellos (1 Pedro 3:15); y prepararlos para resistir la embestida de las culturas, empeñados en adoctrinar a los jóvenes con los valores seculares.

La biblia nos dice que los hijos son un don de Dios (Salmo 127:3). Sin duda entonces, pareciera adecuado escuchar el sabio consejo de Salomón para formarlos correctamente. De hecho, el valor que Dios ha puesto cuando le enseñamos a nuestros hijos la verdad, se trata claramente por Moisés cuando le enfatizó a su pueblo la importancia de enseñar a sus hijos acerca del Señor, de Sus mandamientos y leyes: “y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:7-9). La minuciosidad de Moisés resalta su profunda preocupación de que las sucesivas generaciones mantuvieran la obediencia a las leyes de Dios para asegurarse de “habitar en la tierra seguros” (Levítico 25:18), que les “fuera bien” (Deuteronomio 12:28) y que Dios los bendijera en la tierra (Deuteronomio 30:16).

La biblia claramente enseña que instruir a los niños para conocer y obedecer a Dios, es la base para complacerlo y para vivir victoriosamente en Su gracia. Conocer a Dios y Sus verdades, comienza con la comprensión que el niño tiene del pecado y de la necesidad de un Salvador. Incluso los niños muy pequeños comprenden que ellos no son perfectos y pueden captar a una edad temprana la necesidad del perdón. Los padres amorosos presentan a un Dios amoroso que no solamente perdona, sino que ofrece el sacrificio perfecto por el pecado, y ese sacrificio es Cristo Jesús. Instruir a un niño en el camino que debe seguir, significa, en primer lugar, dirigirlos al Salvador.

La disciplina es una parte integral de la crianza de hijos piadosos, pues sabemos que el “Señor al que ama castiga” (Proverbios 3:12). Por lo tanto, no debemos tomar a la ligera la disciplina ni tampoco sentirnos desanimados ya que el Señor “azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6). Y sabemos que Dios nos disciplina para nuestro bien, para que podamos participar de Su santidad (Hebreos 12:10). Asimismo, cuando disciplinamos a nuestros hijos, ellos reciben sabiduría (Proverbios 29:15) y eso nos dará descanso (Proverbios 29:17) y respeto (Hebreos 12:9). De hecho, incluso a una edad temprana, los niños son capaces de discernir que la disciplina está fundamentada en el amor. Es por eso que los niños que crecen en hogares sin disciplina, a menudo no se sienten amados y son más propensos a desobedecer la autoridad a medida que crecen. Recuerde que la disciplina administrada debe ser acorde con la ofensa. La disciplina física, como la corrección con vara (correctamente motivada), es aprobada por la biblia (Proverbios 13:2422:1523:13-14). De hecho, la disciplina, aunque pueda parecer desagradable cuando se recibe, producirá un “fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

Los padres deberían tener el mismo celo que Moisés tuvo para enseñar a sus hijos. A los padres se les ha dado el privilegio de ser guardianes de la vida de sus hijos durante un período de tiempo muy corto, aunque la enseñanza y la formación que ofrecen es eterna. De acuerdo a los principios de los proverbios, un niño que es diligentemente entrenado en el “camino que debe seguir”, probablemente permanecerá fiel a ese camino en esta vida y cosechará sus frutos en la vida venidera.

 

 ¿Qué deben hacer los padres cristianos si tienen un hijo (o hija) pródigo?

 

En la historia del hijo pródigo (Lucas 15:11-32) son inherentes varios principios que los padres creyentes pueden usar para reaccionar y tratar con un hijo que camina contrariamente al camino en que sus padres lo han criado. Necesitamos recordar que una vez que un hijo o una hija han alcanzado su “edad adulta” ya no están bajo la autoridad de los padres.

En la historia del pródigo, el hijo toma su herencia y se va a un país lejano y lo gasta. En el caso de que un hijo no sea un creyente nacido de nuevo, esto sólo es actuar así por naturaleza. En el caso de un hijo que en un tiempo hizo una clara decisión por Cristo, es cuando lo llamamos un “pródigo.” La palabra “pródigo” no se encuentra en esta historia. El significado de esta palabra es, “desperdiciado o imprudentemente extravagante o una persona que ha gastado sus recursos despilfarradamente.” Por lo tanto, esta palabra describe al hijo de Lucas 15. También describe a un hijo que deja el hogar y toma la herencia que sus padres han invertido en ellos, y todos los años de alimentación, enseñanza, amor y cuidado son olvidados mientras el hijo se rebela contra Dios. Porque toda rebelión es primeramente contra Dios y es manifestada en la rebelión contra los padres y su largo tiempo de autoridad. Este hijo entonces se dirige al mundo y gasta su herencia, repudiando los valores de sus padres.

Nótese que el padre de la parábola no evita que el hijo se marche. Tampoco el padre sigue a este hijo para tratar de protegerlo de él mismo. El padre no interfiere con las elecciones o decisiones que hace este hijo. Más bien, este padre permanece fielmente en casa y ora, y cuando el hijo “reacciona” y da la media vuelta, el padre está esperando y observando y ve a ese hijo cuando aún está “muy lejos” y va a su encuentro.

Los principios entonces son estos; cuando nuestros hijos e hijas se valen por ellos mismos y toman decisiones que sabemos traerán duras consecuencias, los padres debemos dejarlos y permitir que se vayan. Los padres no deben seguirlos ni tampoco interferir con las consecuencias que vendrán. En vez de eso, los padres se quedarán en casa, permanecerán orando fielmente y estarán atentos a las señales de arrepentimiento y cambios de dirección. Hasta que, y a menos que esto llegue, los padres guardarán su propio consejo, no respaldarán la rebelión ni se convertirán en entrometidos (1 Pedro 4:15).

Una vez que los hijos están en la edad legal “adulta”, ellos están sujetos solo a la autoridad de Dios y la delegada autoridad de un gobierno (Romanos 13:1-7). Como padres podemos hacernos a un lado, una vez que nuestros hijos o hijas hayan cambiado su dirección hacia Dios. Dios usa la miseria auto-infligida y “el entrenamiento de los hijos” para atraerlos a la sabiduría, y depende de cada individuo el responder correctamente. Como padres, no podemos salvar a nuestros hijos; sólo Dios puede hacer eso. En obediencia debemos criarlos en el SEÑOR cuando nos es dada esa oportunidad (Efesios 6:4) y luego permitirles tomar sus propias decisiones. Hasta entonces, observemos, oremos y dejemos el asunto en las manos del SEÑOR. Este puede ser un proceso doloroso, pero cuando es hecho de acuerdo al punto de vista divino, traerá la recompensa de la paz del corazón. No podemos juzgar a nuestros hijos; sólo Dios puede. En esto hay un gran consuelo, “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? (Génesis 18:25b).

 

¿Qué significa honrar a mi padre y a mi madre?

Honrar a tu padre y a tu madre, son las palabras respetuosas y las acciones que resultan de una actitud interna de estima por su posición.

La palabra griega para honor, significa venerar, apreciar, y valorar. Honor es darles respeto, no solo por mérito sino también por rango. Por ejemplo, algunos pueden no estar de acuerdo con las decisiones del Presidente, pero aún así ellos deben respetar su posición como líder de su país. Similarmente, los hijos de todas las edades deben honrar a sus padres, sin importar si sus padres “merecen” o no el honor.

Dios nos exhorta a honrar al padre y a la madre. Él valora el honrar a los padres, lo suficiente como para incluirlo dentro de los 10 Mandamientos (Éxodo 20:12) y nuevamente en el Nuevo Testamento: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” (Efesios 6:1-3)

En los días del Antiguo Testamento, el hablar mal de los padres de uno o rebelarse contra sus instrucciones, resultaba en la pena capital (Éxodo 21:15-17Mateo 15:14), mientras que aquellos que honraban a sus padres eran bendecidos (Jeremías 35:18-19). Una característica de tanto, aquellos con una “mente reprobada”, como aquellos que se caracterizan por su falta de piedad en los últimos días, es la desobediencia a los padres. (Romanos 1:302 Timoteo 3:2).

Salomón, el hombre sabio, exhortaba a los hijos a respetar a sus padres (Proverbios 1:813:130:17). Aunque en la actualidad ya no estemos directamente bajo su autoridad, no podemos ignorar el mandamiento de Dios de honrar a nuestros padres. Aún Jesús, el Hijo de Dios, se sometió Él mismo a Sus padres terrenales y a Su Padre celestial (Mateo 26:39Lucas 2:51). Siguiendo el ejemplo de Cristo, como cristianos, debemos tratar a nuestros padres de la manera en que deberíamos aproximarnos reverencialmente a nuestro Padre celestial (Hebreos 12:9Malaquías 1:6)

Obviamente, se nos ordena honrar a nuestros padres, pero ¿cómo? Honrarlos tanto con nuestras acciones como con nuestras actitudes (Marcos 7:6). Honrar sus deseos no expresados, como los hablados. “El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones.” (Proverbios 13:1).

En Mateo 15:3-9, Jesús les recuerda a los fariseos el mandamiento de Dios de honrar a su padre y madre. Ellos estaban obedeciendo la letra de la ley, pero habían añadido sus propias tradiciones que esencialmente la anulaban. Mientras que honraban a sus padres de palabra, sus hechos probaban el verdadero motivo de su corazón. Honrar es más que un servicio de labios. La palabra honor en este pasaje es un verbo, y como tal, demanda elegir una acción correcta.

El honor incluye la idea de traer gloria a alguien. Primera de Corintios 10:31, nos dice que todo lo que digamos o hagamos, debemos hacerlo para la gloria de Dios. Debemos buscar honrar a nuestros padres de manera similar a la que los cristianos se esfuerzan por darle gloria a Dios –en nuestros pensamientos, palabras y acciones.

La palabra griega “hypakouo” significa obedecer, escuchar, o prestar atención. Para un hijo menor, obedecer a sus padres va de la mano con honrarlos. Eso incluye escucharlos, prestarles atención, y someterse a su autoridad. Después de que los hijos maduran, la obediencia que aprendieron cuando niños, les servirá para honrar a las autoridades tales como el gobierno, la policía y sus jefes.

Mientras que se nos pide honrar a los padres, eso no incluye el imitar a los impíos (Ezequiel 20:18-19). ¿Qué pasa si tus padres te piden hacer algo malo? En ese caso, debes obedecer a Dios antes que al hombre (Hechos 5:29).

El mandamiento de honrar a los padres es el único mandamiento con promesa: “para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra.” (Efesios 6:3). El honor engendra honor. Dios no honrará a aquellos que no obedezcan Su mandamiento de honrar a sus padres. Si deseamos complacer a Dios y ser bendecidos, debemos honrar a nuestros padres. Honrar no es fácil, no siempre es divertido, y ciertamente es imposible en nuestra propia fuerza. Pero el honor es un camino seguro para nuestro propósito en la vida: glorificar a Dios. “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.” (Colosenses 3:20).

¿Qué dice la Biblia acerca de ser buenos padres?


La paternidad puede ser una difícil y espantosa experiencia, pero una de las cosas más plenas y compensadoras que podamos llegar a hacer. Dios tiene mucho que decir acerca de la manera en que podemos criar exitosamente a nuestros hijos para que sean individuos piadosos. La primera cosa que debemos enseñarles es la verdad acerca de la Palabra de Dios.

Junto con el amor a Dios y el ser un buen ejemplo al comprometernos con Sus mandamientos, necesitamos “Repetirlos una y otra vez a nuestros hijos. Hablar de ellos cuando estés en casa y cuando vayas de camino, cuando descanses y cuando te levantes de nuevo. Atarlos a tus manos como un recordatorio y ponerlos en tu frente. Escribirlos en los postes de tu casa y en tus puertas.” (Deuteronomio 6:7-9). Al seguir figurativamente estos mandamientos que Dios dio a los hebreos, enseñamos a nuestros hijos que la adoración a Dios debe ser constante, no reservada para el domingo por la mañana o las oraciones nocturnas.

Aunque nuestros hijos aprendan mucho a través de la enseñanza directa, ellos aprenden mucho más observándonos. Esto es por lo que debemos ser muy cuidadosos en todo lo que hacemos. Debemos primeramente conocer el papel que Dios nos dio. Los esposos y las esposas deben ser mutuamente respetuosos y sujetarse el uno al otro (Efesios 5:21). Al mismo tiempo, Dios ha establecido una línea de autoridad para guardar un orden.

1 Corintios 11:3 dice, “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” Sabemos que Cristo no es inferior a Dios, al igual que una mujer no es inferior a su esposo. Sin embargo Dios reconoce que sin una sujeción a la autoridad, no hay orden. La responsabilidad del esposo como cabeza del hogar es amar a su esposa como ama su propio cuerpo, en la misma manera sacrificial que Cristo amó a la iglesia (Efesios 5:25-29).

En respuesta a este amoroso liderazgo, no es difícil para la esposa sujetarse a la autoridad de su esposo (Efesios 5:24, Colosenses 3:18). Su responsabilidad primaria es amar a su esposo e hijos, vivir pura y sabiamente, y cuidar de su hogar (Tito 2:4-5). Las mujeres son por naturaleza más protectoras que los hombres, porque ellos fueron diseñados para ser los cuidadores primarios de su prole.

La disciplina y la instrucción son parte integral de la paternidad. Proverbios 13:24 dice, “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” Los niños que crecen en hogares indisciplinados se sienten rechazados y sin valor. Les falta dirección y auto-control, y mientras crecen, se rebelan y tienen poco o ningún respeto por cualquier clase de autoridad, incluyendo la de Dios. “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo.” (Proverbios 19:18)

Al mismo tiempo, la disciplina debe estar balanceada con el amor, o los hijos pueden crecer resentidos, desanimados y rebeldes (Colosenses 3:21). Dios reconoce que la disciplina es dolorosa cuando se ejecuta (Hebreos 12:11), pero si es seguida por una instrucción amorosa, es en gran manera benéfica para el niño. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:4)

Es importante involucrar a los hijos en la familia y el ministerio de la iglesia cuando son jóvenes. Asistir con regularidad a una iglesia bíblica (Hebreos 10:25), permitirles ver y estudiar la Palabra, así como estudiarla con ellos. Platicar con ellos sobre el mundo a su alrededor cómo ellos lo ven, y enseñarles acerca de la gloria de Dios a través de la vida diaria. “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

¿Es importante darle a un niño una educación cristiana?


Para los creyentes en Cristo Jesús, la pregunta de si o no una educación cristiana es importante parece obvia. La respuesta sería un rotundo “Sí”. Entonces ¿por qué la pregunta? Es porque la pregunta viene de una miríada de perspectivas dentro de la fe cristiana. Tal vez la pregunta debería ser “¿Quién es responsable de introducir a mi hijo al Cristianismo?” o “¿Debe hacerse la educación de mi hijo en un sistema público, privado o en el hogar?” Hay muchas opiniones sobre este tema, algunas muy fuertemente sostenidas y discutidas interminablemente y emocionalmente.

Como comenzamos a buscar una perspectiva bíblica, llegamos al pasaje definitivo del Antiguo Testamento sobre la educación de los niños encontrado en Deuteronomio 6:5-8: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos.” La historia hebrea revela que el padre debía ser diligente en instruir a sus hijos en los procedimientos y las palabras del Señor para su propio desarrollo espiritual y bienestar. El mensaje en este pasaje se repite en el Nuevo Testamento donde Pablo exhorta a los padres a criar a los hijos en la “disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Proverbios 22:6 también nos dice, “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”. El entrenamiento incluye no sólo la educación formal, sino también las primeras instrucciones que los padres dan a un niño, es decir, su educación temprana. Esta formación está diseñada para establecer firmemente al niño en el fundamento sobre el cual se basa su vida.

A medida que avanzamos hacia la cuestión de la educación formal, sin embargo, hay malentendidos que hay que abordar. En primer lugar, Dios no está diciendo que sólo los padres deben educar a los niños como muchos afirman, y, en segundo lugar, no está diciendo que la educación pública es mala y que debemos educar a nuestros hijos en las escuelas cristianas o en el hogar. El principio de las Escrituras es el de la responsabilidad final. Dios no manda a los padres a evitar la educación fuera del hogar. Por lo tanto, decir que el único método “bíblico” de educación formal es en el hogar o en escuelas cristianas es añadir a la Palabra de Dios, y queremos evitar el uso de la Biblia para validar nuestras propias opiniones. La verdad es justamente lo contrario: queremos basar nuestras opiniones en la Biblia. También queremos evitar el argumento de que sólo los maestros “entrenados” son capaces de educar a nuestros niños. Una vez más, la cuestión es una de la responsabilidad final, que pertenece a los padres.

La cuestión en la Escritura no es qué tipo de educación general reciben nuestros hijos, sino a través de cual paradigma esa información se filtra. Por ejemplo, parece que se le puede dar a un niño una educación “cristiana” en el hogar, pero fracasa en la vida porque él o ella no conoce realmente el Dios de la Escritura, y no comprende realmente los principios bíblicos. Del mismo modo, un niño educado en una escuela pública puede crecer en su comprensión de las falacias de la sabiduría del mundo por ver su fracaso por la Palabra de Dios que le ha sido enseñada diligentemente en su casa. La información se tamiza a través de un lente bíblico en ambos casos, pero el verdadero entendimiento espiritual sólo existe en el segundo. De igual manera, el estudiante puede asistir a una escuela cristiana pero nunca crecer hasta comprender a Dios en una relación íntima y personal. En última instancia, son los padres los que tienen la responsabilidad de formar al niño de una manera que se logrará una verdadera educación espiritual.

En Hebreos 10:25, Dios les da a los cristianos un mandato, “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.” El cuerpo de Cristo es una parte integral de la educación de los niños, ayudando a los padres a alimentar y educar a los niños en asuntos espirituales. La exposición a algo fuera de la estructura familiar — en este caso, la enseñanza bíblica de la iglesia y la escuela dominical — es buena y necesaria.

Así que, no importa qué tipo de institución de enseñanza que elijamos, la educación espiritual de sus niños es la responsabilidad final de los padres. Un maestro de la escuela cristiana puede equivocarse, un pastor y maestro de la escuela dominical pueden equivocarse, y los padres pueden estar equivocados sobre cualquier punto teológico. Por lo tanto, al enseñar a nuestros hijos las cosas espirituales, ellos deben comprender que la única fuente de verdad absoluta es la Escritura (2 Timoteo 3:16). Por lo tanto, tal vez la lección más importante que podemos enseñar a nuestros hijos es seguir el ejemplo de la gente de Berea que “examinaba las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba.” (Hechos 17:11) y probar todas las cosas que se les enseña – cualquiera que sea la fuente – por la Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 5:21).

¿Cómo define la biblia a una buena familia cristiana?

 

Una buena familia cristiana es aquella que se alinea con los principios bíblicos y en la que cada miembro entiende y cumple con la función que Dios le ha dado. La familia no es una institución establecida por el hombre. Fue creada por Dios para el beneficio del hombre, y él es responsable de administrarla. La unidad familiar bíblica fundamental, está compuesta por un hombre, una mujer (su cónyuge) y sus hijos naturales o adoptivos. El círculo familiar puede incluir los parientes por consanguinidad o matrimonio, como los abuelos, sobrinas, sobrinos, primos, tíos y tías. Uno de los principios fundamentales de la unidad familiar es que involucra un compromiso ordenado por Dios para la vida de los miembros. El esposo y la esposa son responsables de mantenerlo unido, a pesar de la actitud actual del entorno cultural.

Por supuesto, la primera exigencia para los miembros de una familia cristiana es que todos ellos sean cristianos, teniendo una verdadera relación con Jesucristo como su Señor y Salvador. Efesios 5:22-33 proporciona las directrices para los esposos y esposas en una familia cristiana. Se requiere que el esposo ame a su esposa como Cristo amó a la iglesia, y la esposa debe respetar a su marido, y voluntariamente sujetarse al liderazgo de él en la familia. El papel de liderazgo del esposo debería comenzar con su propia relación espiritual con Dios, y después fluir para instruir a su esposa y sus hijos en los valores bíblicos, conduciendo a la familia a la verdad bíblica. A los padres se les instruye para que críen a sus hijos en “disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Un padre también debe proveer para su familia. Si no lo hace, “ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8). Entonces, un hombre que no hace ningún esfuerzo para mantener a su familia, no puede considerarse como un cristiano. Esto no significa que la esposa no pueda ayudar en el apoyo a la familia; Proverbios 31 demuestra que una esposa piadosa seguramente puede hacerlo, aunque el proveer para la familia no es principalmente la responsabilidad de la esposa sino la de su marido.

Al hombre se le dio la mujer con el propósito de ayudarle (Génesis 2:18-20) y para tener hijos. El esposo y la esposa en un matrimonio cristiano deben permanecer fieles el uno al otro para toda la vida. Dios declara la igualdad de valor en que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios y, por lo tanto, son igualmente valiosos para Él. Sin embargo, esto no significa que los hombres y las mujeres tienen funciones idénticas en la vida. En general, las mujeres son más expertas en la crianza y el cuidado de los niños, mientras que los hombres están mejor equipados para proveer y proteger a la familia. Por lo tanto, son iguales en la posición, pero cada uno tiene que cumplir una función diferente en el matrimonio cristiano.

Un matrimonio cristiano, fundamental para una familia cristiana, sigue las instrucciones bíblicas sobre el sexo. La biblia contrarresta el punto de vista en muchas culturas que dice que el divorcio, el vivir juntos sin estar casados, y el matrimonio entre personas del mismo sexo, son aceptables a los ojos de Dios. La sexualidad expresada según los estándares bíblicos, es una hermosa expresión de amor y compromiso. Si esto está fuera del matrimonio, es pecado.

A los hijos se le da dos responsabilidades primarias en la familia cristiana: obedecer a sus padres y honrarlos (Efesios 6:1-3). Obedecer a los padres es el deber de los hijos hasta que alcancen la edad adulta, pero honrarlos es su responsabilidad para toda la vida. Dios promete Sus bendiciones a quienes honran a sus padres.

Idealmente, una familia cristiana tendrá a todos sus miembros comprometidos con Cristo y con Su servicio. Cuando el esposo, la esposa y los hijos cumplen sus funciones designadas por Dios, entonces la paz y la armonía reinarán en el hogar. Pero si tratamos de tener una familia cristiana sin Cristo como la cabeza, o sin adherirnos a los principios bíblicos que el Señor amorosamente ha provisto para nosotros, el hogar sufrirá.

 ¿Cómo sobrevivo tratando de criar un adolescente?

 

Muchos padres cristianos se preguntan si van a sobrevivir tratando de criar a un adolescente. Los adolescentes suelen compartir ciertas características. Primero, están pasando por la etapa de la vida donde creen que saben todo lo que hay que saber y lo que no saben, no vale la pena conocer. En segundo lugar, las hormonas y sustancias químicas que se cargan a través de sus cerebros y cuerpos, los afecta, a menudo haciéndolos incapaces de razonar como adultos racionales. Quieren lo que quieren y cuando lo quieren, y a menudo no tiene idea de que lo que están pidiendo los perjudicará. La tarea de los padres es protegerlos de sí mismos en el proceso de negociar este momento difícil de la vida.

Jesús de manera indirecta nos enseña esto en Mateo 7:9-10 cuando dice, “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?”. A veces los niños piden cosas que parecen buenas para ellos, pero que en realidad les va a hacer daño; por lo tanto, es responsabilidad de los padres hacer lo que es mejor. Tenemos las mismas reglas; si pedimos a Dios algo que nos parece bueno, pero que Dios sabe que no es, Él no nos lo dará.

Tener a Jesús en su hogar, es la mejor manera de criar a los hijos. “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Si llegó a ser cristiano pidiéndole a Jesús que entrara en su corazón, entonces el Espíritu Santo vive en usted y le enseñará todas las cosas (Juan 14:261 Juan 2:27), y esto incluye la forma de educar a nuestros hijos. Los niños aprenden por lo que observan de nosotros mucho más de lo que les decimos, por lo tanto, ser un buen ejemplo es algo muy importante.

La biblia nos enseña la importancia de la disciplina. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24). “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo” (Proverbios 19:18). “Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma” (Proverbios 29:17). Es muy importante establecer reglas y hacerlas cumplir. Cuando los niños saben que lo que están haciendo está mal, se debe aplicar algún tipo de castigo, aunque debe ser apropiado para la “infracción”. Por ejemplo, la mentira demuestra que no se le puede confiar al niño, entonces tal vez hasta que la confianza se pueda restaurar, el tiempo fuera de casa debe ser muy limitado. Los hijos querrán que usted vuelva a confiar en ellos, por lo tanto, ellos aprenderán de esa experiencia. Lo peor que podemos hacer es intentar ser amigos de nuestros hijos en lugar de ser padres.

La motivación es fundamental para que la disciplina siempre se lleve a cabo con los mejores intereses para el niño. Efesios 6:4 dice que no debemos provocar a ira a nuestros niños por la manera en que los tratamos (esto no significa que no se deba disciplinar; significa que no se debe disciplinar estando enojados o frustrados), sino que debemos criarlos en disciplina y amonestación del Señor. Asegúrese de decirle a su hijo por qué el comportamiento es incorrecto, por qué usted no está de acuerdo con su proceder, y que las cosas que usted está haciendo las hace por amor a él/ella. Hebreos 12:7 nos dice que Dios disciplina a todos Sus hijos cuando hacemos lo incorrecto, porque nos ama y no sería bueno para nosotros si no lo hiciera. Cuando los niños discuten por el castigo, que inevitablemente van a recibir, el padre sabio responde: “Es mi responsabilidad disciplinarte, y si no lo hago, tengo que responderle a Dios”.

Por último, varias cosas son importantes para sobrevivir a la crianza de los adolescentes: ¡sentido del humor, sentido de convicción de que usted está haciendo lo correcto, confianza en la sabiduría que Dios da en Su Palabra, oración, oración y oración! No sólo estas cosas ayudarán a los padres a “sobrevivir”, sino que también les ayudará a ser buenos ejemplos de padres, que los adolescentes finalmente usarán cuando ellos mimos sean padres.

¿Qué dice la biblia acerca de los problemas familiares?


Los problemas familiares no son nada nuevo. En un mundo caído, a quienes debemos amar más, es decir a nuestras familias, a menudo se convierten en aquellos con quienes más peleamos. La biblia no encubre el pecado, y registra una serie de problemas familiares, empezando con Adán cuando le echo la culpa a su esposa (Génesis 3:12). La rivalidad entre hermanos surge en las historias de Caín y Abel, Jacob y Esaú, y José y sus hermanos. Los celos entre las esposas, una de las consecuencias negativas de la poligamia, se encuentra en las historias de Ana, Lea y Raquel. Eli y Samuel trataron con hijos descarriados. Jonatán casi fue asesinado por su padre, Saúl. David fue quebrantado por la rebelión de su hijo Absalón. Oseas experimentó dificultades matrimoniales. En cada uno de estos casos, las relaciones se dañaron por el pecado.

La biblia tiene mucho que decir acerca de las relaciones, incluyendo la dinámica familiar. La familia fue la primera institución que Dios estableció para la interacción humana (Génesis 2:22-24). Él creó una esposa para Adán y los unió en matrimonio. Citando este suceso, Jesús dijo después, “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6). El plan de Dios es que un hombre y una mujer permanezcan casados hasta que uno de ellos muera. Él quiere bendecir esa unión con los hijos que se van a criar “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4; véase también el Salmo 127:3). Muchos problemas familiares surgen cuando nos rebelamos contra el diseño de Dios; por ejemplo, la poligamia, el adulterio y el divorcio, causan problemas porque se apartan del plan original de Dios.

La biblia da instrucciones claras acerca de cómo los miembros de la familia deben tratarse entre ellos. El plan de Dios es que los maridos amen a sus esposas de la misma manera que Cristo ama a Su iglesia (Efesios 5:2533). Las esposas deben respetar a sus maridos y someterse a su liderazgo (Efesios 5:22-24331 Pedro 3:1). Los hijos deben obedecer a sus padres (Efesios 6:1-4Éxodo 20:12). ¿Cuántos problemas familiares se resolverían si los maridos, esposas e hijos simplemente siguieran esas reglas básicas?

Primera de Timoteo 5:8 dice que las familias deben cuidar a sus miembros. Jesús tuvo palabras duras para quienes eludieron sus responsabilidades financieras con respecto a sus padres ancianos, afirmando que habían dado todo su dinero para el templo (Mateo 15:5-6).

La clave para la armonía en las familias no es la que naturalmente queremos aplicar. Efesios 5:21 dice “Someteos unos a otros en el temor de Dios”. La sujeción está en oposición directa al deseo de nuestra carne para gobernar y hacer su voluntad. Defendemos nuestros derechos, nuestras causas, nuestras opiniones, y hacemos valer nuestros propios intereses, siempre que sea posible. La forma de Dios es crucificar nuestra carne (Gálatas 5:24Romanos 6:11) y sujetarnos a las necesidades y deseos de los demás siempre que podamos. Jesús es nuestro modelo para esa clase de sujeción a la voluntad de Dios. Primera de Pedro 2:23 dice, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”.

La mayoría de los problemas de la familia podrían reducirse si todos siguiéramos las instrucciones que se encuentran en Filipenses 2:3-4: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Cuando adoptamos el espíritu de humildad y tratamos a los demás como Jesús los trataría, podemos resolver muchos de nuestros problemas familiares y de relaciones.

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