Un pecado abre la puerta a muchos otros y trae consecuencias desastrosas

El gran engaño

Una de las enseñanzas más importantes que Dios desea darnos la encontramos en el primer libro de la Biblia.

En Génesis, después de describir cómo Dios lo creó todo, se menciona el gran engaño que afecta a toda la humanidad. En el momento en el que Satanás engañó a Eva, y tanto ella como Adán desobedecieron a Dios, el pecado entró en el mundo, y hemos tenido que lidiar con sus consecuencias desde entonces.

 

 

Engañar significa mentir, confundir, desinformar y desviar. Ese es el método que Satanás usó para atraer a toda la humanidad hacia el pecado. Y es el mismo que usa en nuestros tiempos al convencernos de una idea básica.

El gran engaño: podemos pecar sin sufrir las consecuencias.

Dios le había dado un mandamiento específico a Adán y Eva. Les dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn 2.16, 17). El relato que se encuentra en Génesis 3.1-6 nos muestra que, sin importar lo que otros digan, nadie puede pecar sin sufrir las consecuencias.

El tentador

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho” (Gn 3.1). Esta serpiente no es como las de nuestros tiempos, pues parece que podía pararse erecta y debe haber tenido una apariencia atractiva, pues Eva no sintió repugnancia al conversar con ella. Fue después de ser condenada por Dios, por lo que hizo en relación a la caída del ser humano, que fue castigada a moverse sobre su pecho y arrastrarse sobre el polvo.

El Señor había permitido que esa criatura estuviera en el huerto para probar a Adán y Eva, y todavía sigue entre nosotros. Su meta era convencer a Eva de que Dios le había dicho algo incorrecto. En Apocalipsis 12.9 se le llama “el gran dragón” y “la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero”. Ni su meta ni su táctica han cambiado. Se opone a Dios y miente con el propósito de engañar a las personas, para que crean que pueden pecar sin sufrir las consecuencia.

La tentación

En el huerto del Edén, Adán y Eva tenían todo lo que necesitaban. Dios solo les había puesto una restricción, y fue precisamente en esa que Satanás se enfocó al preguntarle a Eva: “¿Con que Dios os ha dicho: ‘No comáis de todo árbol del huerto’?” (Gn 3.1). A lo que Eva respondió: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: ‘No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis’” (v. 2, 3). El diablo quería que ella deseara aquello que no tenía.

Luego, Satanás contradijo lo que el Señor había dicho, al decir: “No moriréis” (v. 4), y destacó algo de lo que Eva carecía. “Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (v. 5). Y, al considerar esta idea, Eva comenzó a pensar que el fruto prohibido era “bueno para comer”, “agradable a los ojos” y “codiciable para alcanzar la sabiduría” (v. 6).

Esta es la misma estrategia que el diablo usa en nuestros días para que pongamos nuestra atención en lo que no tenemos y queremos poseer. Desea que dudemos de lo que Dios nos enseña en la Biblia, para que busquemos aquello que satisface nuestra naturaleza humana. Es por eso que algunos escogen lo que desean creer de la Palabra del Señor. Desean tener un Dios amoroso, pero no uno que pone restricciones a su vida, o que les advierte de las consecuencias que recibirán al pecar.

Las tácticas

El engaño de Satanás tiene una naturaleza progresiva.

  • Duda. En primer lugar, guió a Eva a dudar de lo que Dios le había dicho.
  • Rechazo. La duda lleva a rechazar la verdad.
  • Engaño. Una vez que negamos la verdad de la Palabra de Dios, nos encaminamos a ser completamente engañados en relación a su naturaleza y mandamientos.
  • Desobediencia. Luego, hacemos lo que el Señor nos ha prohibido, pues no le creemos.
  • Destrucción. Finalmente, sufrimos terribles consecuencias por nuestra desobediencia.

Satanás disfraza sus mentiras de tal manera que nos sintamos atraídos a lo que nos ofrece. Promete que no habrá repercusiones cada vez que optemos por hacer aquello que Dios nos ha prohibido. Pero, antes de ceder ante las tentaciones del diablo, debemos considerar las consecuencias que recibiremos.

Satanás no desea que pensemos en los resultados devastadores del pecado. Por eso nos hace creer que nuestro pecado no es tan grande, pues no somos perfectos y cualquiera comete un error. También nos dejamos engañar por él cuando solo ponemos nuestra mirada en el amor de Dios y no en su justicia y santidad, las cuales requieren que recibamos consecuencias por nuestro pecado.

Cuando el Espíritu Santo tiene el control de nuestra vida, nos recuerda los resultados dolorosos de la desobediencia, pues es el dador de la verdad y nuestro protector. Aquellos que viven en obediencia y rectitud ante Dios pueden reconocer el pecado y el engaño, y discernir entre lo bueno y lo malo.

La Palabra del Señor nos guía hacia la verdad y nos advierte de la naturaleza dañina y destructiva del pecado. Nuestro Padre celestial nos ama y sabe que enfrentamos una batalla espiritual contra Satanás. Y, es por eso que desea protegernos del daño que el pecado puede producir en nuestra vida. Al obedecer a Dios y a su Palabra nos protegemos y testificamos de nuestra fe ante otros.

Cada vez que desobedecemos al Señor nos distanciamos de Él y sufrimos un declive espiritual. Si no hacemos nada al respecto, nuestro corazón se endurecerá hacia todo lo relacionado con Dios. Y, es en ese instante que nuestro Padre celestial hará uso de alguna prueba para traernos de regreso a su camino.

La tragedia

La historia de Adán y Eva comenzó con perfección, pero terminó en tragedia.

  • Escucharon la verdad de Dios, pero se dejaron guiar por la mentira de Satanás.
  • Su inocencia se tornó en vergüenza.
  • Sintieron culpa, vergüenza y temor por su pecado.
  • Culparon a otros por su pecado.
  • Recibieron el juicio de Dios y sufrieron graves consecuencias.
    • Perdieron su inocencia.
    • Perdieron su relación con Dios.
    • Perdieron su hogar en el Edén.
    • Toda la humanidad se vio afectada por el pecado.
    • El dolor, el sufrimiento, la dificultad, la vergüenza y la condenación llegaron a este mundo.

REFLEXIÓN

  • ¿De qué manera ha tratado de tentarle Satanás a desear lo que no tiene?
  • ¿Qué consecuencias ha sufrido por su pecado que le sirven de advertencia para no pecar de nuevo?
  • ¿Se ha dado cuenta de que un pecado abre la puerta a muchos otros y trae consecuencias desastrosas?

PASAJE CLAVE: Génesis 3.1-6

LECTURAS DE APOYO: Génesis 2.16, 17 | Ezequiel 18.4 | Romanos 6.23 | Apocalipsis 12.9

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