¿Qué pasos debe dar para desarrollar una conciencia fiel, confiable y protectora?

¿Nos protege nuestra conciencia?

Cuando se nos presentan oportunidades o situaciones difíciles, ¿podemos confiar en que nuestra conciencia nos guiará para tomar una buena decisión?

En ocasiones escuchamos a personas que dicen que debemos dejar que nuestra conciencia nos guíe; pero puede que esa no sea la mejor opción. Todo depende de la condición en la que ella esté. Si la hemos estado ignorado, ya no es una guía confiable, pues la hemos silenciado.

 


Dios le ha dado a cada persona la conciencia para protección y guía.

No nos referimos al Espíritu Santo, pues Él solo mora en aquellos que han confiado en Jesucristo para salvación. Sin embargo, una vez que somos salvos, el Espíritu de Dios obra por medio de nuestra conciencia para recordarnos que algunas acciones y pensamientos son contrarios a la identidad que hemos recibido en Cristo. Mientras más comprometidos estemos con Él, más audible será nuestra conciencia.

Pablo, al escribirle a Timoteo, el pastor de la iglesia en Éfeso, dijo: “para que … milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos” (1 Ti 1.18, 19). Esta advertencia nos recuerda que, si nos negamos a escuchar la conciencia, tarde o temprano naufragaremos. El Señor nos ha dado la conciencia para protegernos, pero si optamos por vivir en desobediencia, llegará el momento en el que no nos será útil.

La conciencia es un regalo que Dios ofrece.

  • La conciencia distingue entre lo moralmente bueno y malo.
  • La conciencia nos insta a hacer lo que reconocemos que es correcto.
  • La conciencia nos refrena para que no hagamos lo que reconocemos que es incorrecto.
  • La conciencia emite juicio de nuestras acciones y ejecuta ese juicio en nuestra alma.

Aunque a todos se nos ha dado la conciencia, es con nuestras acciones que la agudizamos o la callamos. Mientras más nos dejamos guiar por ella, más sensible será y más podremos distinguir entre lo bueno y lo malo. Pero si constantemente ignoramos sus advertencias, dejará de ser útil. Es ahí cuando una persona puede vivir desobedeciendo a Dios y no sentir remordimiento alguno, pues su conciencia no es capaz de discernir correctamente.

¿De qué manera funciona la conciencia?

  • Juzga el alma humana en tres aspectos: actitud, conducta y comportamiento.
  • Es como una alarma espiritual que nos alerta del peligro que tenemos por delante.
  • Nos indica lo que está mal para detenernos.

La conciencia ha sido diseñada para protegernos de las tentaciones y del pecado. No debemos ignorarla, pues al hacerlo nos encaminamos por la dirección equivocada. Es como si manejáramos sin respetar las señales de tráfico, por lo que eventualmente nos dirigiríamos hacia el desastre. Es por eso que, al ser advertidos por ella, debemos dejarnos guiar por su dirección. No podemos violar nuestra conciencia y vivir dentro de la voluntad de Dios.

La conciencia es un regalo que el Señor nos ha dado para ayudarnos a vivir en santidad y rectitud. Es ella, junto con el Espíritu Santo, quien identifica aquello que está mal y que debe ser evadido. El saber que Dios nos ama, que obra por nosotros, y que siempre desea lo mejor para nuestra vida, debe motivarnos a escuchar lo que nos dice por medio de nuestra conciencia. Puede que no siempre comprendamos por qué el Señor nos prohíbe seguir un camino determinado, pero debemos confiar en Él y en su Palabra como autoridad de nuestra vida, pues Él nunca se equivoca.

La Biblia menciona varios tipos de conciencia.

  • La conciencia buena (1 Ti 1.19). Es bien sensible y provee una buena dirección.
  • La conciencia débil (1 Cor 8.7-12). Es frágil y cede fácilmente ante la tentación.
  • La conciencia corrompida (Tito 1.15). Cuando hacemos algo, aunque sabemos que es malo, nuestra conciencia se contamina por el pecado y no puede discernir correctamente.
  • La conciencia insensible (1 Ti 4.2). Esta es la peor condición, pues la conciencia se ha endurecido tanto, que ya no funciona. Viene como resultado de desobedecer a Dios repetidamente. Una conciencia insensible permite que las personas lleven un estilo de vida inmoral sin que sientan que hacen algo malo. De acuerdo a Romanos 1.21-24, cuando las personas no le dan honor a Dios, sus razonamientos se envanecen y se oscurecen. Eventualmente el Señor los entrega a la concupiscencia de sus corazones.

¿Cuándo podemos confiar en nuestra conciencia?

Como la conciencia puede ser dañada y no es siempre fiable, debemos comprender las condiciones necesarias para que podamos ser guiados por ella correctamente.

  • Podemos confiar en nuestra conciencia si la Palabra de Dios es la base firme de nuestra conducta. Si creemos en los Diez Mandamientos y en las instrucciones que nos da en el Nuevo Testamento, podemos estar seguros de que nuestra conciencia nos guiará hacia las buenas decisiones.
  • Podemos confiar en nuestra conciencia si ha sido alimentada con las enseñanzas de la Biblia. Es al recibir la Palabra de Dios en nuestro corazón, que llegamos a comprender la manera de pensar de Dios y la forma en que Él obra en nuestra vida.
  • Podemos confiar en nuestra conciencia si tenemos el anhelo sincero de obedecer a Dios. Es decir, que estamos dispuestos a confiar en Él, sin importar las consecuencias que podamos recibir.
  • Podemos confiar en nuestra conciencia si nuestras decisiones han sido sometidas a Dios en oración. Es al clamar por la dirección del Señor, que nuestra conciencia llega a ser más sensible.
  • Podemos confiar en nuestra conciencia si la alarma entra en acción inmediatamente al considerar alguna acción o pensamiento indebido. Si permanecemos en la Palabra de Dios y vivimos de acuerdo a su voluntad, nuestra conciencia nos avisará inmediatamente cuando algo esté mal. Nos alejará de las tentaciones y nos exhortará a rechazarlas.
  • Podemos confiar en nuestra conciencia si, al desobedecer, inmediatamente nos sentimos culpables. Una conciencia buena estará siempre alerta a lo que suceda en nosotros y a nuestro alrededor. Se activará en el momento en el que pequemos, para que podamos arrepentirnos y regresar rápidamente a los caminos del Señor.

REFLEXIÓN

  • La conciencia se alimenta de lo que aprendemos. ¿Qué tan rápido responde usted a las advertencias de su conciencia? ¿Quién ha influenciado su conciencia? ¿Cómo ha moldeado su percepción de lo bueno y de lo malo?
  • Piense en una conciencia que ha sido moldeada por la Palabra de Dios, ¿cómo se diferencia esa conciencia?
  • ¿Qué pasos debe dar para desarrollar una conciencia fiel, confiable y protectora?

PASAJES CLAVE: 1 Timoteo 1.18-20

LECTURAS DE APOYO: Romanos 1.21-24 | 1 Corintios 8.7-12 | 1 Timoteo 4.2 | Tito 1.15

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