Sin la resurrección de Cristo nuestra fe en Él carecería totalmente de sentido

Nuestras convicciones en torno a la Resurrección de Jesucristo

Todo creyente debe tener convicciones sólidas acerca de las verdades relacionadas con Jesucristo.

Para eso, lo primero que debemos hacer es estar convencidos de que fue crucificado, sepultado y resucitado de la muerte. De no haberlo hecho, hubiera sido como cualquier otro hombre y no tendríamos la seguridad de la vida eterna, ni el perdón de nuestros pecados. Su Resurrección es evidencia de que es el Hijo de Dios, quien venció a la muerte. Porque Él vive, nosotros también seremos resucitados algún día y viviremos eternamente con Él.

 


Creer en la Resurrección es esencial para que una persona sea salva.

Romanos 10.9 nos dice lo siguiente: “Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Es imposible ser salvos si no tenemos una convicción acerca de este asunto. Tener convicción en torno a algo es estar tan plenamente convencido de que ese algo es cierto, que lo defendemos sin importar las consecuencias.

Los discípulos de Cristo consideraron la Resurrección del Señor como una parte esencial del evangelio que proclamaron. Adondequiera que iban, ese era el mensaje que llevaban. Estos hombres fueron testigos de la muerte y Resurrección de Jesús. Hablaron con Él y vieron las marcas de los clavos en sus manos. Estaban completamente convencidos de que había vencido la muerte, y desde ese momento nada hizo que cambiaran de opinión al respecto. Todos, con excepción de Juan, perdieron la vida por proclamar que Jesús es el Hijo de Dios, quien expió nuestros pecados con su muerte y quien también resucitó al tercer día.

Este era también el mensaje principal que Pablo anunció, mientras viajaba por el Imperio romano proclamando el evangelio. Él fundó una iglesia en la ciudad de Corintios, la cual era uno de los lugares de mayor inmoralidad en esa época. Al escribirles, quería estar seguro de que entendían la verdad acerca de la Resurrección de Cristo.

La importancia de la Resurrección

En 1 Corintios 15.12-20, Pablo explica de manera específica por qué es tan importante tener una convicción sólida en torno a la Resurrección.

  • (v. 12): “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?”. Al negar la resurrección de Jesús, no solo rechazamos el mensaje del evangelio, sino también la esperanza de nuestra futura resurrección. Sin esta esperanza, no tenemos la confianza de recibir vida después de la muerte. Es por eso que, aquellos que no creen que Jesucristo resucitó, piensan que, al morir, sus cuerpos son sepultados y sencillamente dejan de existir.
  • (v. 13, 14): “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. Sin la Resurrección de Cristo, no tenemos ningún mensaje digno de ser proclamado. Aquellos que escuchen y crean en esa clase de mensaje, solo tendrán una fe vana, que no les servirá para mucho. No existiría entonces razón alguna para congregarnos, pues la Iglesia no tendría propósito alguno. Y, además, si lo que la Biblia nos enseña sobre la Resurrección de Jesús no es cierto, no tendríamos ninguna razón para confiar en sus otras enseñanzas.
  • (v. 15): “Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan”. Como Dios afirma en su Palabra que Jesús resucitó de los muertos, al negar esa verdad, rechazamos lo que el Señor ha dicho.
  • (v. 16-18): “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron”. La Resurrección fue la prueba de que Dios Padre quedó satisfecho con el sacrificio que Jesús ofreció para pagar la deuda que teníamos por nuestros pecados. Si no hubiera resucitado, no tendríamos razón alguna para creer que nuestros pecados han sido perdonados, y todavía viviríamos condenados a pasar la eternidad separados de Dios. Sin embargo, Jesús resucitó, y todos los que creen en Él pueden tener la confianza que, al morir, serán llevados a su presencia en el cielo (Vea 2 Co 5.8).
  • (v. 19, 20): “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”. Nuestra esperanza no está puesta en este mundo. Sabemos que hay otra vida venidera, la cual esperamos con gran expectativa. Gracias a que Jesús resucitó de la muerte, tenemos la seguridad de que algún día también seremos resucitados.

 

Dos convicciones posibles.

Solo podemos escoger una de estas dos convicciones en relación a la Resurrección. O creemos que Jesús murió y resucitó, o afirmamos que solo es una leyenda antigua. Todos debemos tomar una decisión y saber que las consecuencias de esa decisión son eternas. Romanos 6.23 nos dice: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Jesús murió en la cruz para pagar la condenación de nuestro pecado y resucitó para darnos una vida nueva. Éste es un regalo que solamente podemos obtener por medio de Él. Pero si negamos que murió y resucitó, recibiremos la paga que merecemos por nuestros pecados.

Jesús nos declara en Mateo 7.21 que: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos’”. Si tenemos un estilo de vida que se caracteriza por la desobediencia, no importa si declaramos conocer a Cristo, pues nuestras acciones demuestran lo contrario. Una fe genuina trae como resultado una vida transformada, que se caracterizará por la obediencia.

Algún día todos seremos juzgados por Dios (He 9.27). Aquellos que ya hemos depositado nuestra fe en Jesús, y creemos que murió por nosotros y resucitó, tenemos una esperanza eterna. Aunque, al morir, nuestros cuerpos sean sepultados, nuestras almas estarán ante la presencia de Dios. Y al llegar al cielo veremos a todos los que murieron en Cristo.

REFLEXIÓN

  • ¿Está usted convencido de que Jesús murió en la cruz y resucitó? ¿Qué diferencia marca en nuestra vida el que Él haya resucitado?
  • ¿Se ha detenido a pensar en lo que hubiera sucedido si Jesús no hubiera resucitado? ¿Cuán diferente sería su vida, si el cuerpo del Señor siguiera en la tumba? ¿De qué manera hubiera sido afectada la historia de la humanidad, el cristianismo o nuestro destino eterno?
  • ¿Qué siente al pensar en la muerte? ¿Está convencido de que Jesucristo es su Salvador personal? De no ser así, ¿desea creer en Él hoy, arrepentirse de sus pecados y pedirle que le perdone?

PASAJE CLAVE: 1 Corintios 15.12-20

LECTURAS DE APOYO: Mateo 7.21-23 | 2 Corintios 5.8 | Efesios 2.8 | Romanos 6.23; 10.9 | Hebreos 9.27

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