Nuestras convicciones en torno a la crucifixión de Jesucristo

Nuestras convicciones en torno a la crucifixión de Jesucristo

 

Nuestras convicciones en torno a la crucifixión de Jesucristo.

La cruz ha venido a ser el símbolo del cristianismo, pero es mucho más que una joya que algunos llevan en su cuello.

La crucifixión de Cristo es una doctrina muy importante, pues al comprenderla correctamente se determina si tendremos o no vida eterna. No sólo fue la ejecución de un judío que fue colgado en una cruz. Lo que realmente sucedió en ese evento, fue que Dios mismo ofreció la solución al problema más grande que enfrenta la humanidad. Es decir, al pecado y a la muerte espiritual.

La ciudad de Corintios fue una de las más corruptas de su época, y las creencias que seguían sus ciudadanos era una mezcla variada de filosofías.

Sin embargo, cuando Pablo llegó a ese lugar, no lo hizo con el propósito de discutir un asunto filosófico, lo hizo porque tenía un mensaje que anunciar. En 1 Corintios 2.2 nos dice: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. Aunque la cruz era tropezadero para los judíos y locura para los gentiles, para los creyentes en Cristo es poder y sabiduría de Dios (1 Co 1.23, 24).

El apóstol Pablo estaba convencido de que el tema de la crucifixión era lo más importante. Tener convicción en torno a algo es estar tan plenamente convencido de que ese algo es cierto, que lo defendemos sin importar las consecuencias. Como creyentes, debemos comprender lo que sucedió en la cruz para entender lo que la crucifixión de Cristo significa para nuestra vida.

La crucifixión fue el plan de Dios

Aunque tanto los judíos como los romanos tuvieron un papel importante en este evento, todo ocurrió de acuerdo al plan que Dios ya había trazado de antemano, en relación a la muerte de su Hijo, para expiar los pecados de la humanidad.

  • 1 Pedro 1.19-21. Al hablar de la sangre de Cristo derramada por nosotros, Pedro nos dice que “con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios”.
  • Efesios 1.4, 5. “Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. Mucho antes de la creación y de que el pecado hiciera su entrada, ya Dios tenía un plan trazado para nuestra redención. La cruz fue el medio que usó para cumplir su plan de salvación.

El plan de Dios para la crucifixión de su Hijo fue motivado por tres aspectos:

  • Nuestra pecaminosidad. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro 3.23).
  • Su amor. “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5.8).
  • Su justicia. El Señor ha decretado en Ezequiel 18.4 que “el alma que pecare, esa morirá”. Aunque nos ama y desea que seamos salvos. “Porque la paga del pecado es muerte” (Ro 6.23). Dios no puede ignorar nuestro pecado, pues no sería justo, ni tampoco puede actuar en contra de su propia naturaleza.

La crucifixión es el suceso donde nuestro pecado, la justicia y el amor de Dios se encuentran.

Jesús murió en la cruz como expiación, o sea, como pago por nuestros pecados. En el Antiguo Testamento, los sacrificios de animales representaban el sacrificio final que algún día sería hecho para expiar los pecados de la humanidad para siempre. Como consecuencia del amor de Dios por nosotros, Él envió a su Hijo al mundo a morir en la cruz, para pagar la deuda que teníamos. Solamente Él podía hacerlo, pues era Dios hecho carne, y nunca pecó. Toda nuestra desobediencia fue puesta sobre Él, mientras moría para satisfacer la justicia divina.

La cruz es el centro de la vida cristiana.

La crucifixión es el suceso divino por medio del cual somos salvos. Sólo la sangre de Cristo puede limpiar nuestro pecado y reconciliarnos con el Padre celestial. Aunque los judíos y los romanos vieron la crucifixión como la ejecución de un criminal, para Dios fue la expiación perfecta del pecado de la humanidad.

El sacrificio de Jesucristo fue superior a todos los anteriores (He 9.24-26). En los tiempos del Antiguo Testamento, el sacerdote entraba al templo cada año para ofrecer la sangre de animales. Pero Jesús sólo entró una vez en el lugar santo celestial para llegar ante Dios “por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (v. 26).

El pecado es malo y no podemos ignorarlo o tratar de excusarlo. Aquellos que mueren en pecado sin Jesucristo pagarán la condenación de pasar la eternidad separados de Dios. Nuestro pecado fue la razón por la que Dios envió a su Hijo a morir por nosotros, y así fuésemos justificados por su sangre.

La crucifixión fue el único momento en toda la eternidad en el que una de las personas de la Trinidad se vio separada de su divinidad.

Mientras Jesús estaba en la cruz, clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27.46). Fue en ese instante en el que el pecado de toda la humanidad fue puesto sobre Él. Y no solo tuvo que llevar toda esa carga sobre sí, sino que por primera vez fue separado de su Padre celestial.

La crucifixión fue un suceso que nunca podrá ser duplicado y nunca necesitará ser repetido.

La muerte expiatoria de Cristo sucedió en un día y en un momento en la historia. Fue más que suficiente para pagar los pecados de toda la humanidad. El Señor no tendrá que sufrir o morir nuevamente.

La muerte de Cristo cubrió el pecado de todos.

Nada se puede comparar con lo que Cristo alcanzó en la cruz, y nada más es requerido para que seamos salvos. Su crucifixión hizo posible que aquellos que creen en Él sean perdonados. Y aquellos que lo hacen, reciben la seguridad de la vida eterna, pues sus nombres son escritos en el libro de la vida del Cordero.

Ese día se levantaron tres cruces en el Calvario. En una de ellas estaba un criminal incrédulo. En la del medio se hallaba el Hijo de Dios, quien pagaba con su vida la salvación de la humanidad. Y en la otra, estaba un pecador arrepentido, quien le dijo a Jesús: “acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lc 23.42). No había nada que pudiera hacer, sino solo creer que Jesús era el Mesías. Y el Señor le respondió: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). La única manera de ser salvos es por medio de la fe en Jesucristo.

REFLEXIÓN

  • ¿De qué manera cambia su perspectiva de la salvación el comprender mejor lo que sucedió en la cruz? ¿Cómo puede esto modificar su estilo de vida y prioridades?
  • Considere el punto de vista que Dios tiene en cuanto al pecado, y el precio que Él y Jesús pagaron para que fuésemos salvos. ¿De qué manera cambia esto la forma en la que usted enfrenta la desobediencia?

PASAJE CLAVE: 1 Corintios 2.1-5

LECTURAS DE APOYO: Ezequiel 18.4 | Mateo 27.46 | Lucas 23.42, 43 | Juan 3.16 | Romanos 3.23-25; 5.8; 6.23 | 1 Corintios 1.23-25 | Efesios 1.4, 5 | Hebreos 9.24-26 | 1 Pedro 1.19-21

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