Aborto por violación – El Salvador

Aborto por violación – El Salvador

Uno de los casos que más suelen sacar a relucir los proabortistas para legalizar el aborto es el de la violación, como para querer aparentar ser compasivos mientras que los provida aparecen como crueles, al exigirles que tengan ese hijo a toda costa. Pero la verdad es totalmente lo contrario. Aquí no se trata de una oposición entre la madre y el hijo. Ambos están íntimamente unidos. En el peor de los casos, el niño puede darse en adopción. Pero si la madre aborta a ese niño, sufrirá toda su vida las consecuencias de su aborto. Al abortar, no se mata sólo a un inocente, sino que la madre queda también gravemente afectada sicológicamente.

 

Tres investigadores norteamericanos (David Reardon, Julie Makimaa y Amy Sobie) analizaron 192 casos de mujeres embarazadas a consecuencia de una violación y 55 casos de adolescentes o adultos concebidos de esta violación. En su libro Victims and victors declaran que el 69% de las mujeres decidieron dar a luz, el 29% abortó y el 2% sufrió un aborto espontáneo. De las que abortaron a propósito, el 93% aseguró que el aborto no solucionó sus problemas y que no lo recomendarían. Reconocieron que fue nocivo para ellas y que sintieron más vergüenza y sensación de culpa después de abortar, habiendo abortado por presiones familiares y sociales.

En cambio, de las mujeres que dieron a luz, ninguna se arrepintió; y el 80% manifestó mucha felicidad por haber tenido al niño. Ninguna declaró que no quisiera a su hijo o que deseara haber abortado.

 

Veamos el testimonio de algunas de estas mujeres que fueron violadas. Kay Zibolsky refiere: Fui violada a punta de cuchillo a menos de una cuadra de mi casa, cuando  tenía 16 años. Mi asaltante desconocido se perdió en la noche, dejándome herida después de haberme amenazado para que no se lo contara a nadie. En 27 años no lo conté nunca, excepto a mi esposo muchos años después. Concebí y di a luz una niña después de la violación; ella era preciosa. Cuando Robin tenía 18 meses la di en adopción, pero Dios tenía un plan especial. Después de mi propio proceso de sanación, me había preparado y nos conocimos, cuando ella tenía 27 años. Sus primeras palabras para mí fueron: “Caramba, me alegro muchísimo de que no te hayas hecho el aborto”. Robin resultó ser una parte importante del proceso de sanación y le doy gracias a Dios hoy en día, porque no hice nada en mi juventud por lo cual hubiera tenido que sufrir el resto de mi vida, ya que no le hubiera dado la oportunidad a mi niña de decirme aquellas conmovedoras palabras. El mal llamado aborto “legal y seguro” la hubiera silenciado para siempre.

 

Testimonios como éste demuestran que, por encima de la mezquindad y la vileza de los promotores de la cultura de la muerte, resplandece la grandeza de la vida, la generosidad y el amor.

 

Kay Zibolsky sabe muy bien cómo se siente una mujer que es violada y se queda embarazada. Ella salió adelante y creó la organización Life After Assault League (LAAL), para ayudar a las víctimas de la violación. En su libro The Sorrow of Sexual Assault and the Joy of Healing (La tristeza de la violación y la alegría de la sanación) narra su amarga experiencia y cómo consiguió salir adelante.

 

Jackie Bakker dice: Cuando tenía 19 años fui violada a punta de pistola. Me sentí sucia, usada y robada en toda mi dignidad. Cuando se lo dije a mis padres, mi papá se horrorizó de que estuviera embarazada, especialmente de un violador. En Paternidad Planificada me dijeron que el aborto era la única solución  y no me ofrecieron alternativas. Mis padres me hicieron testificar ante el fiscal sobre la violación para que pudiera tener un aborto legal. Sentí una terrible presión de todos, especialmente de mis padres, y al final cedí. Me inyectaron una solución salina y 18 horas más tarde “di a luz” una pequeña bebita muerta que estaba totalmente formada y era perfecta. Sentí un vacío que nadie puede llenar, los efectos del aborto continuaron mucho tiempo después de los recuerdos de la violación. Por los próximos tres años experimenté horribles depresiones y pesadillas. Al contrario de todo lo que me habían dicho, era mucho más difícil lidiar con el recuerdo del aborto que con el de la violación. La violación fue un crimen terrible contra mí, una víctima inocente. El aborto fue la matanza de mi hijo inocente y yo participé voluntariamente.

 

Odié al hombre que me había hecho esto. Pensé que lo que él hizo era terrible y cruel: me había violado. Pero inmediatamente después que aborté a mi hijo, me di cuenta de que lo que había hecho era aún más cruel. Yo había creado una nueva víctima y era la única persona responsable por ello. Me sentí mucho más culpable por el aborto ya que éste no me borró el recuerdo de la violación, solamente me dejó con otras cosas a las que tuve que enfrentarme.

 

– Vanesa era una niña colombiana. Cuando tenía diez años fue violada y quedó embarazada. Nueve meses después dio a luz un precioso bebé que ahora vive con ella y su madre. Su caso está cargado de dolor, pero al mismo tiempo es símbolo del triunfo del bien sobre el mal. Su historia es un ejemplo que sirve para argumentar la defensa de la vida siempre, incluso en un caso límite, de los que tanto gustan a los proabortistas para defender sus tesis.

 

Su madre podía haberla llevado a una clínica a que abortara y seguro que nadie se hubiera atrevido a juzgarla. Cualquier médico hubiera firmado un informe de aborto por violación o por peligro para la salud física o psíquica de la madre, máxime tratándose de una menor. Sin embargo, con todo el dolor que supone enfrentarse a un hecho de esta magnitud, apostó por la vida. Vanesa empezó a recibir tratamiento sicológico, gracias al cual, apenas tiene secuelas del trauma. Es una historia con final feliz.

EL ABORTO Y SUS CONSECUENCIAS CUESTIONES DE BIOÉTICA.

ÁNGEL PEÑA O.A.R.

 

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