Grandes mentiras sobre el aborto

Grandes mentiras sobre el aborto

 

Legalizar el aborto disminuye las muertes maternas.

Esto es falso, pues legalizar el aborto no disminuye las muertes maternas.

Actualmente, más del 50% de las muertes maternas de todo el mundo suceden en los países donde el aborto es legal, como el caso de la India, donde éste es legal desde 1972 y en el año 2000 se registró el 25% de todas las muertes maternas a nivel mundial. Asimismo, China (donde el aborto es legal y promovido por su gobierno) ocupa el octavo lugar con mayor número de muertes maternas en el mundo.

Otro caso es Rusia, donde el aborto es legal desde hace más de 30 años, y en el año 2008 la mortalidad materna fue 3 veces superior al promedio mundial. Estos datos contrastan con la República Checa e Irlanda, donde el aborto es ilegal y tienen una mortalidad materna 5 veces menor que la rusa.

Hablando de América Latina, Chile, donde el aborto es ilegal, es el país con la mortalidad materna más baja de esta región del continente. A diferencia, Cuba y Guyana donde el aborto es legal y ambas presentan mayor mortalidad materna que Chile.

La legalidad o ilegalidad del aborto no afecta la mortalidad materna; lo que sí la disminuye, son los partos atendidos por personal calificado. Por lo que en vez de buscar la legalización del aborto para evitar la muerte de las mujeres, hay que promover el aumento de recursos gubernamentales para la adecuada atención del embarazo, parto y puerperio.

El aborto provocado es una de las principales causas de mortalidad de las mujeres en México.

Esto es falso: en México la mortalidad materna por abortos provocados no es un problema de salud pública.

Cifras del INEGI del año 2003 indican que en nuestro país murieron 711 mujeres de entre 15 y 29 años por causas perinatales (es decir, relacionadas con el embarazo, el parto y los 40 días posteriores a éste o puerperio), y de éstas, 48 murieron por aborto.

La Secretaría de Salud indicó que en el año 2005 se registraron 58,554 defunciones hospitalarias de mujeres por todas las causas; de éstas, solamente 287 fueron perinatales; y dentro de éstas, el aborto ocupó el cuarto lugar.

Cifras del INEGI del año 2006 indican que murieron 626 mujeres de entre 15 y 29 años por causas perinatales y con base en lo comentado del censo 2003, 42 defunciones se debieron a un aborto.

Aunque la mortalidad materna por aborto no sea una causa de salud pública en México, no debería presentarse ni una sola muerte de mujeres por falta de atención médica en su embarazo. El aborto (aunque sea legal), siempre presenta el riesgo de muerte por parte de la mujer. El aborto nunca debe ser una opción. Lo que sí debe ser opción en un embarazo no esperado, donde la mujer no puede asumir la responsabilidad de la maternidad, es la adopción.

El aborto provocado no tiene graves repercusiones en la salud física y mental de las mujeres.

Esto es falso, pues el aborto provocado tiene graves consecuencias en la salud de la mujer.

Varios estudios científicos indican que las mujeres que han tenido un aborto provocado presentan problemas psiquiátricos (alteraciones emocionales severas) tales como depresión, ansiedad, ideas suicidas e intentos de suicidio, hasta 65% más que aquellas mujeres embarazadas que no abortaron.

Las mujeres que han abortado presentan 42% mayor necesidad de tratamiento psiquiátrico que aquellas que llevaron a término su embarazo.

Las mujeres que tuvieron un aborto provocado presentan mayor número de homicidios y hasta 6 veces más suicidios, que aquellas con embarazos que llegaron a término. Así mismo, son más propensas a ingerir alcohol en embarazos futuros, usar drogas ilegales y abusar de éstas, hasta 5 veces más que las terminaron su embarazo.

Los estudios científicos no mienten: existen alteraciones muy graves en las mujeres que se han realizado un aborto. El aborto nunca debe ser la solución en un momento de desesperación; por el contrario, la vulnerabilidad de una mujer embarazada y desesperada debe motivarnos como sociedad y gobierno a apoyarla, aconsejarla y cuidar de ella y su bebé durante esta noble etapa de la vida llamada embarazo.

 

Por Rosario Laris / http://www.sexoseguro.mx

 

EL ABORTO Y SUS CONSECUENCIAS CUESTIONES DE BIOÉTICA.

ÁNGEL PEÑA O.A.R.

 

Es un atentado contra la vida de seres humanos inocentes e indefensos todavía por nacer. Se considera que hay aborto desde el primer momento de la concepción, cuando el óvulo es fecundado. La OMS tiene su propia teoría, considerando que el aborto sólo se da a partir de la implantación del óvulo fecundado en el útero.

En muchos países se está legalizando el aborto como si fuera un avance científico de países modernos y progresistas. Parece que para muchos, matar (por el aborto) es signo de desarrollo. ¿No será más bien señal de subdesarrollo moral?

En todos los países, para legalizar el aborto, sus partidarios acuden a la mentira, inflando cifras inexistentes para convencer a la población de que tenga piedad de tantas madres que mueren por el aborto ilegal, como si el aborto legal fuera seguro y no murieran muchas mujeres, a pesar de estar legalizado el aborto en sus países.

 

Antes de la legalización del aborto, había en USA entre 100.000 y 200.000 abortos ilegales cada año. A partir de su legalización, el número de abortos fue aumentando hasta la cifra actual de un millón seiscientos mil. La muerte de mujeres no ha disminuido, sino que ha aumentado en proporción al número de abortos. Por eso, llamar aborto seguro al aborto legal es una gran mentira.

Una de las cifras que los abortistas usan con frecuencia es la de 200.000 muertes maternas por abortos ilegales cada año en el mundo. Pero el Instituto Guttmacher, proabortista y asociado a la IPPF (la institución abortista más grande del mundo), afirma que, como máximo, en el mundo hay 2.640 muertes al año por abortos ilegales, lo que significa que la cifra de 200.000 es una tremenda exageración de un 7.500%.

En México los activistas a favor del aborto citaron cifras de la Cámara nacional de hospitales, reportando que en 1991 había habido 300.000 muertes maternas por aborto ilegal. La OMS (Organización Mundial de la Salud) en cambio aseguró que en 1983 en México sólo murieron 177.420 mujeres de todas las edades y de todas las causas. De ellas sólo 22.330 en edad fértil y sólo 216 debido a abortos. Los proabortistas habían exagerado la cifra de muertes maternas 1.400 veces.

BEMFAM, la Asociación brasileña de la IPFF, ha dicho que en Brasil mueren cada año 400.000 mujeres por aborto ilegal, pero el Instituto brasileño de Geografía y Estadísticas demostró que en 1980, por cualquier causa en todo el Brasil, sólo murieron 55.000 mujeres entre 14 y 50 años y sólo murieron 241 por abortos, tanto legales como ilegales. Esto significa que aumentaron los datos en un 166.000%.

James Miller, director de investigación del Population Research Institute (PRI) ofreció 50.000 dólares al que presentara datos fundamentados de las exageradas muertes por aborto ilegal en Hispanoamérica. Aún está esperando respuesta, porque no se puede justificar lo que no existe. Sin embargo, los proabortistas siguen dando datos falsos con mentiras calculadas, a pesar de que algunas veces sus datos fueron desmentidos por la misma OMS. Ellos siguen el dicho: Miente, miente que algo queda Una mentira es una mentira. Si se repite algunas veces, crea dudas. Pero, si se repite muchas veces, crea certeza.

Para desmentirlos digamos que en Polonia, un país de 40 millones de habitantes, en 1990 el aborto era legal y seguro. Había al año entre 160.000 a 180.000 abortos. En 1993 se prohibió el aborto. La ONU protestó y lo mismo la prensa de muchos países, aduciendo que aumentarían los casos de muertes maternas por abortos ilegales. Pero en 1999 el número de abortos descendió a 250. De 1995 a 1999 ninguna mujer murió a causa del aborto. El mundo debería tomar nota. El número de mujeres hospitalizadas por pérdidas bajó de 59.500 a 44.000 y el número de complicaciones por embarazos o nacimientos bajó de 178 a 144.


Veamos ahora las mentiras de los proaborto para legalizarlo en Estados

Unidos. El doctor Bernard Nathanson, en una conferencia dictada en Dublín

(Irlanda) el 7 de setiembre de 1983 dijo: En 1968, nuestro grupo, la NARAL (Asociación nacional por el rechazo de la ley del aborto), era consciente de ir al encuentro de una derrota en el caso de un sondeo serio y honesto. Así pues, indicamos a los medios de comunicación y al público los resultados de un sondeo ficticio, en el cual según nosotros un 50-60% de los americanos estaban a favor de la liberalización del aborto. Nuestra táctica consistía en la invención de datos fruto de consultas populares inexistentes. Nuestro objetivo se hizo pronto realidad. El público, al que decíamos que había muchos favorables al aborto, cambió de opinión y se hizo verdaderamente favorable al aborto. Quisiera aconsejar ser muy críticos y cautelosos ante las informaciones difundidas por la prensa y por los noticiarios de la radio y de la televisión: desgraciadamente la información inexacta y tendenciosa sigue siendo para los abortistas el mejor método de propaganda.

Esta táctica para conseguir nuestro objetivo ha sido, con pequeñas variantes, la usada después en todo el mundo occidental.

 Falsificamos los datos sobre los abortos clandestinos (sabíamos que su número en EE.UU. giraba en torno a los 100.000), dando repetidamente al público y a la prensa la cifra de 1.000.000. Sabíamos que la mortalidad anual en los abortos clandestinos era alrededor de 200-250 mujeres. Nosotros, por el contrario, decíamos que cada año morían cerca de 10.000 mujeres por aborto clandestino. Estos datos ficticios influyeron en la opinión pública americana que se convenció de la necesidad de cambiar la ley. El primer año después de la liberalización, el número de abortos conocidos subió al menos a 750.000. Esta cifra subió en 1980 a 1.550.000, según los datos oficiales. El número de los abortos, desde su legalización, se ha multiplicado, por 15 (de los 100.000 de antes se ha pasado, en efecto, a 1.550.000 en 1980).

 Esta constatación basta para demostrar cuán nefasta fue nuestra propaganda. Una de nuestras tácticas consistía en convencer a la gente de que la penalización del aborto habría aumentado considerablemente el número de los abortos clandestinos. Sin embargo, de los datos aquí arriba citados resulta lo contrario: es lícito pensar que en el caso de una penalización volveremos a una cifra cercana a la anterior, es decir, aproximadamente a los 100.000. El aumento de los abortos después de su liberalización demuestra también la disminución en la población del sentido de responsabilidad en materia sexual. Actualmente el aborto es considerado por muchos como un medio para el control de nacimientos y no hay posibilidad de parar la avalancha.

Pero hay otra gran mentira en el proceso de legalización del aborto en

Estados Unidos. Nos referimos al famoso caso de Roe versus Wade en el que el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el 22 de enero de 1973, dio sentencia favorable para introducir el aborto en ese país. La interesada Jane Roe, a cuyo favor se dio la sentencia, se llamaba Norma McCorvey, no Jane Roe.

En una entrevista a la periodista Silvia Kramar para el Diario Il Giornale de Italia, del 17 de enero del 2005, afirma: Una de las confesiones que debo hacer es que en 1973 mentí declarando haber quedado embarazada después de haber sido violada por una banda. Sarah Weddignton (mi abogada) basó en ello buena parte de la moción, sabiendo que los americanos habrían estado ciertamente a favor de la interrupción del embarazo para una mujer violada. Pero no era verdad. Había mentido. La ley que ha matado a millones de vidas nació de una mentira…

Después me ofrecieron trabajar en una clínica abortista. Acepté. A cambio de seis dólares a la hora me convertí en la secretaria. Hacía de todo: daba citas, explicaba a las clientas que no era un niño, sino una “menstruación fallida”. A menudo mentíamos sobre la duración del embarazo, porque más allá de las diez semanas, las pacientes debían pagar el doble. Cuando yo iba a la cámara frigorífica y veía los trozos, las piernas y las cabezas de los fetos echados en una tinaja, volvía a casa y me emborrachaba. En 1995 los del movimiento provida instalaron una sede al lado de la clínica. Iban ante mi ventana con eslóganes como “el aborto detiene un corazón que late”, “el aborto es un holocausto americano”, “es un hijo, no una opción”.

Hacíamos abortos incluso en el segundo trimestre de embarazo. Un día una chica alzó la cabeza, vio el piececito del niño y se puso a gritar. Debí decirle que se equivocaba; pero, mientras estaba pagando, me miró con los ojos rojos a la cara y me dijo: “Sabe muy bien lo que he visto. Me habíais dicho que no era un niño”. Yo no podía más.

Hice amistad con mis vecinos del movimiento por la vida. Eran serenos, delicados y vivían los preceptos del cristianismo. Había una mujer, Ronda Mackey, que trabajaba para la Rescue Operation (Operación rescate). Tenía una hija llamada Elisabeth, de siete años. La invité a jugar a mi oficina en la clínica. Ella me pidió ir con ellos a la iglesia. Durante una misa, caí de rodillas y pedí perdón a Dios por todo lo que había hecho.

Ese fue el principio de su conversión para convertirse en una defensora de la vida del no nacido. Ella misma, el año 2004, pidió a la Corte Suprema de Estados Unidos que revisara su caso, basándose en que todo fue fruto de una gran mentira y de que ahora existen nuevas evidencias de los efectos catastróficos del aborto. Para apoyar la petición de que el aborto es dañino para las mujeres, los abogados de McCorvey presentaron  todas las evidencias científicas sobre secuelas del aborto junto con más de 1.000 declaraciones adjuntas de mujeres afectadas gravemente por sus abortos, pero su petición no fue atendida. Ahora Norma McCorvey es una de las líderes del movimiento por la vida de Estados Unidos.

EUFEMISMOS DE LA CULTURA DE LA MUERTE

Preembrión: El embrión antes de su implantación en el útero, como si todavía fuera un simple tejido y no un ser humano.

Interrupción del embarazo: Aborto.

Muerte digna, muerte por piedad: Eutanasia

Selección embrionaria: Matar al embrión producido in vitro por no cumplir los criterios deseados.

Reducción embrionaria: Matar uno o más embriones dentro del útero para que se desarrolle uno solo y evitar riesgos.

Salud reproductiva: Todo lo referente a la contracepción, incluido el aborto y la esterilización.

Trabajadoras del sexo: Prostitutas.

Medios interceptivos o contragestativos: Abortivos.

Sexo seguro: Usar preservativo.

Aborto por nacimiento parcial: Abortar en el segundo o tercer trimestre, destrozando al bebé.

Regulación de la fertilidad: Aborto cuando el embarazo no es deseado.

Regulación menstrual, extracción menstrual, aspiración ginecológica, tratamiento de atrasos de la regla, aspiración manual endouterina (Ameu): Aborto, cuando el periodo menstrual se retrasa al menos quince días.

Procreación asistida, reproducción asistida: Uso de diferentes técnicas para facilitar la unión del óvulo y el espermatozoide, como en la inseminación artificial, fecundación in vitro…

Maternidad sin riesgo: Maternidad libre, es decir, tener derecho a usar anticonceptivos, incluidos el aborto y la esterilización.

Sexualidad intergeneracional: Pedofilia (adultos con niños).

Embriones híbridos: Embriones con gametos de hombres y animales.

Aborto seguro, aborto sin riesgos: Aborto legal.

Amor entre especies: Bestialidad (con animales).

Aprender a conocerse, aprender a quererse, autoamarse, autoconocerse, autoerotismo, conocer el propio cuerpo, explorar el propio cuerpo: Masturbación.

Aventura extramatrimonial: Adulterio.

Coito inseguro, coito sin protección, sexo inseguro: Sin preservativo.

Contenido del útero, material celular, producto de la concepción, producto no deseado: El embrión que es ya un ser humano.

Derechos sexuales reproductivos: Derecho a la planificación familiar, incluido el aborto.

Tratamiento post violación, profilaxis post exposición: Suministro de píldoras abortivas para evitar el posible embarazo, en especial la píldora del día siguiente.

 

 

 

 

 

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