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¿Cómo puedo desarrollar paciencia, humildad, y mansedumbre?

¿Qué dice la Biblia acerca de la paciencia?`

Margaret Thatcher dijo una vez, “Soy extraordinariamente paciente, con tal que al final
me salga con la mía.” Cuando todo sale a nuestra manera, es fácil mostrar
paciencia. La verdadera prueba de paciencia, viene cuando nuestros derechos son
violados; cuando los autos sport se nos cierran en el tráfico; cuando un grupo
de muchachos adolescentes están acaparando las canchas de tenis; cuando nuestro
compañero de trabajo se burla de nuestra fe – de nuevo. Algunas personas
piensan que tienen el derecho de enojarse ante las pruebas y aquello que les
irrita. La impaciencia parece como una ira santa. Sin embargo, la Biblia alaba
la paciencia como un fruto del Espíritu (Gálatas 5:22) el cual debe ser
producido por todos los hombres (1 Tesalonicenses 5:14). La paciencia revela
nuestra fe en los planes, la omnipotencia y el amor de Dios.
Aunque la mayoría de la gente considera que la paciencia es una espera pasiva o
una gentil tolerancia, casi todas las palabras griegas traducidas como
“paciencia” en el Nuevo Testamento son palabras dinámicas y activas. Considera
por ejemplo Hebreos 12:1: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor
nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que
nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.”
¿Corre uno una carrera esperando pasivamente los empujones para retrasarnos, o
tolerando gentilmente a los tramposos? ¡Por supuesto que no! La palabra
traducida como paciencia en este verso, significa permanencia. Un cristiano
corre la carrera pacientemente, mediante la perseverancia a través de las
dificultades, ante la expectativa del cielo. En la Biblia, la paciencia es la perseverancia
hacia una meta, perseverancia ante las pruebas, o una expectante espera por el
cumplimiento de una promesa.

 


Claramente, la paciencia no se desarrolla de la noche a la mañana en la vida de
un creyente. El poder de Dios y la bondad son cruciales para el desarrollo de
la paciencia en Sus hijos. Colosenses 1:11 nos dice que somos fortalecidos por
Él para “toda paciencia y longanimidad,” mientras que Santiago 1:3-4 nos anima
a saber que las pruebas son Su manera de perfeccionar nuestra paciencia. Nuestra
paciencia se desarrolla y fortalece más, resistiendo de acuerdo a los perfectos
tiempos y voluntad de Dios, aún ante el hombre malvado que “prospera en su
camino.” (Salmos 37:7). A última instancia, al final, nuestra paciencia será
recompensada. “. . .tened paciencia hasta la venida del Señor.” (Santiago
5:7-8). “Bueno es JEHOVÁ a los que en Él esperan, al alma que le busca.”
(Lamentaciones 3:25).


Vemos en la Biblia muchos ejemplos de aquellos caracterizados por la paciencia
en su caminar con Dios. Santiago nos señala a los profetas: “Hermanos míos,
tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en
Nombre del Señor.” (Santiago 5:10). Él también se refiere a Job, cuya
perseverancia fue recompensada por lo que “. . . el Señor es muy misericordioso
y compasivo.” (Santiago 5:11). También Abraham, esperó; pacientemente y “…
alcanzó la promesa” (Hebreos 6:15). Así como Jesús es nuestro modelo en todas
las cosas, así también Él demostró una perseverante paciencia. “…el cual por el
gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó
a la diestra del trono de Dios.” (Hebreos 12:2).


¿Cómo demostramos que la paciencia es una característica de nuestras vidas en
Cristo? Primero, dando gracias a Dios. Usualmente, la primer reacción de una
persona es “¿Por qué a mí?,” pero la Biblia dice que nos regocijemos en la
voluntad de Dios (Filipenses 4:4; 1 Pedro 1:6). Segundo, buscando Sus
propósitos. Algunas veces, Dios nos pone en situaciones difíciles con el fin de
testificar. Otras veces, Él puede permitir una prueba para la santificación del
carácter. El recordar que Su propósito es para nuestro crecimiento y Su gloria,
nos ayudará en la prueba. Tercero, recordando Sus promesas, tales como la de
Romanos 8:28 que nos dice que “…todas las cosas les ayudan a bien, esto es a
los que conforme a su propósito son llamados.” Ese “todas las cosas” incluye
las cosas que prueban nuestra paciencia.


La próxima vez que te encuentres en un embotellamiento de tráfico, seas
traicionado por un amigo, o ridiculizado por tu testimonio, ¿cómo responderás?
La respuesta natural es impaciencia, la cual conduce al estrés, enojo y
frustración. Gracias a Dios, los cristianos ya no estamos bajo el dominio de
una “respuesta natural,” porque tenemos una nueva naturaleza – la naturaleza de
Cristo Mismo (2 Corintios 5:17). En vez de eso, tenemos la fortaleza del Señor
para responder con paciencia y en completa confianza del poder y los propósitos
del Padre. “Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y
honra e inmortalidad.” (Romanos 2:7).

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Orgullo y Humildad – La medicina contra el egoísmo, por June Hunt

I.  Definiciones

A. ¿Qué es el orgullo?

La palabra orgullo tiene dos significados:

•El espíritu de soberbia que se siente superior (una característica negativa)

•El espíritu de satisfacción placentera de valor adecuado (una característica positiva)

En griego, la palabra huperephanos significa “arrogante, soberbio o con actitud de superioridad” (huper significa “sobre”, phainomai significa “aparecer”).

En el Nuevo Testamento, la palabra orgullo casi siempre tiene una connotación
negativa, pues comunica altivez, desdén y soberbia.

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios,
blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos”.

(2 Timoteo 3:2)

B. ¿Qué es humildad?

La palabra humildad tiene dos significados:

• Un espíritu de respeto, deferencia y mansedumbre (una característica positiva)

• Un espíritu de insignificancia, de subordinación y de inferioridad (una
característica negativa).

En griego, la palabra tapeinos significa “humilde
de espíritu o manso”.

En el Nuevo Testamento la humildad casi siempre tiene una connotación positiva, pues
comunica bajeza (en el buen sentido) o humildad de mente.

“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los
cielos”.

(Mateo 18:4)

II. Características

Percepción secular del orgullo

El corazón humilde conforme a las Escrituras

• Nunca admita una debilidad.

Deléitese en sus debilidades.

 

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. (2 Corintios 12:10)

Exija sus derechos.

Renuncie a sus derechos personales.

 

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses
2:5–8)

Busque la reivindicación a cualquier precio.

Esperela reivindicación de parte de Dios.

 

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere
tiempo” (1 Pedro 5:6)

Busque el reconocimiento y alabanza para usted mismo.

•Sólo acepte el reconocimiento de parte de los demás.

 

Alábete el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos”. (Proverbios 27:2)

Procure vengarse cuando reciba un agravio.

Esté dispuesto a pasar por alto la ofensa.

 

“La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa”.
(Proverbios 19:11)

Busque la sabiduría del mundo. (Intelectualismo)

 

Busque la sabiduría de Dios.

 

“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es
la inteligencia”. (Proverbios 9:10)

No busque el consejo de otras personas.

Busque el consejo de otras personas.

 

“El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio”.
(Proverbios 12:15)

Compárese de manera continua con los demás.

Rehúsese a hacer comparaciones innecesarias

 

“Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí
mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose
consigo mismos, no son juiciosos”. (2 Corintios 10:12)

Tenga un alto concepto acerca de su imagen personal.

Piense con cordura para obtener un concepto personal equilibrado.

 

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que
no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. (Romanos 12:3)

Busque la aprobación de otros.

Desee la aprobación de Dios.

 

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los
hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.
(Gálatas 1:10)

Encuentre la grandeza al ejercer poder sobre otros.

Encuentre la grandeza al servir a otros.

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se
enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas
entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor”. (Mateo 20:25–26)

Perciba la humildad como una debilidad.

Perciba la humildad como una fortaleza.

 

“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los
cielos”. (Mateo 18:4)

III. Causas De La Naturaleza Orgullosa

A. Causas externas

Seguir el concepto de éxito del mundo

•Logros

•Aceptación

•Riqueza

•Habilidad

“He aquí el
hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de
sus riquezas, y se mantuvo en su maldad”. (Salmos 52:7)

Eliminar la
baja autoestima tratando de satisfacer las necesidades emocionales sin tomar en
cuenta a Dios
.

•Amor incondicional

•Sentido de valor personal

•Seguridad

“Y vendrán a
ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus
palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el
corazón de ellos anda en pos de su avaricia. Y he aquí que tú eres a ellos como
cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero
no las pondrán por obra”. (Ezequiel 33:31–32)

Liberarse de la culpa del pecado por medio de los logros personales

•Rechazo del sacrificio de Cristo por el pecado

•Auto justificación

•Buenas obras

•Perfeccionismo

“Porque
ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se
han sujetado a la justicia de Dios”. (Romanos 10:3)

Concentrarseen sí mismo

•Mis intereses

•Confianza en sí mismo

•Mi placer

•Mi satisfacción

•Auto estima


Satisfacción personal

•Respeto hacia sí mismo

•Auto-castigo

“Porque
habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios,
blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos”. (2 Timoteo 3:2)

B. La raíz del problema

Creencia falsa:

“Es apropiado sentirse importante y orgulloso… trabajo duro para tener una vida
exitosa”.

Creencia Correcta:

Mi éxito no viene de mi esfuerzo personal, el cual produce orgullo, sino de permitir a
Cristo moldear mi carácter para hacerlo como el suyo. Sólo lo que se hace por
el poder de la vida de Cristo en mí tiene resultados duraderos.

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es
Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras
preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta;
porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada
uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que
sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá
pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”. (1 Corintios
3:11–15)

IV. Pasos Para Encontrar La Solución

A. Versículo clave para memorizar

Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los
humildes
”.

(Santiago 4:6)

B. Pasaje clave para leer y meditar

Lucas 18:9–14

El fariseo y el publicano.

Orgullo Espiritual

Humildad Piadosa

Confiaba en su propia justicia

v. 9

No presumía de su auto-justicia

v. 13

Miraba con desdén a otros

v. 9

Reconoció su indignidad ante Dios

v. 13

No aceptó su pecado personal

v. 11

Aceptaba el pecado personal

v. 13

Veía la fallas de otros

v. 11

Vio sus propias fallas y necesidad de perdón

v. 13

Realizabaa obras religiosas
delante de otros

v. 12

Pidió la misericordia de Dios

v. 13

Rechazaba la salvación y exaltaba el
yo

v. 14

Recibió la salvación y fue exaltado
por Dios

v. 14


C.    Prueba de la verdadera humildad

□¿Siente gozo cuando otros reciben honor?

□¿Admite usted honesta y abiertamente el pecado?

□¿Busca escuchar la verdad de otros acerca de sus propias debilidades?

□¿Le da la bienvenida a la crítica?

□¿Lleva toda preocupación y ansiedad al Señor?

□¿Responde con humildad cuando ha sido reemplazado?

□¿Busca hacer todo para agradar a Dios?

□¿Siente que puede contestar a la mayoría de estas preguntas?

Si la mayoría de sus respuestas son , mírese, ¡puede que haya reprobado la
prueba de la verdadera humildad!

D. Conozca la forma en que Dios nos presiona para que cambiemos

Por medio de la Humillación

“Antes del
quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.

(Proverbios 16:18)

Remoción de la fuente de orgullo

Ejemplo bíblico:

La túnica de José

“Y viendo
sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían,
y no podían hablarle pacíficamente. Y soñó José un sueño, y lo contó a sus
hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora
este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he
aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos
estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos:
¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aún
más a causa de sus sueños y sus palabras”. (Génesis 37:4–8) (Vea también
Génesis 37:23–24.)

Rechazo de los amigos y familiares

Ejemplo Bíblico:

Moisés

“En aquellos
días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus
duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus
hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al
egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió y vio a dos hebreos
que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu
prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre
nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo,
y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto”. (Éxodo 2:11–14)

Reprensión por medio de las autoridades

Ejemplo Bíblico:

Pedro

“Entonces,
vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que
le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces”. (Lucas 22:61)

Reversión de las circunstancias

Ejemplo Bíblico:

Job

“Entonces
salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna
desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y tomaba Job un tiesto
para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. Entonces le dijo su
mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo:
Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué?
¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó
Job con sus labios”. (Job 2:7–10) (Vea Job 1:13–22; capítulo 38; 40:2–4;
42:5–6.)

Rechazo a contestar las peticiones de oración

Ejemplo Bíblico:

Pablo

“Y para que
la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un
aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca
sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de
mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la
debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,
para que repose sobre mí el poder de Cristo”. (2 Corintios 12:7–9)

E. Pida un corazón humilde

Desarrolle una actitud de humildad y considere que es la
vestidura más divina para el cristiano.

“Señor,
enséñame lo que significa vestirme de humildad”.

“Igualmente,
jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos
de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes”.
(1 Pedro 5:5)

Haga suya la perspectiva de Dios tocante al orgullo.

“Señor,
ayúdame a odiar el orgullo como lo odias tú”.

“El temor de
Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la
boca perversa, aborrezco”. (Proverbios 8:13)

Ore pidiendo que Dios le muestre sus errores ocultos.

“Señor, revélame el orgullo escondido en mi corazón”.

“Examíname,
oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay
en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23–24)

Concentre su atención en el carácter de Cristo y no en su propio
pecado.

“Señor, ayúdame a seguir tu ejemplo”.

“Puestos los
ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la
diestra del trono de Dios”. (Hebreos 12:2)

Responda con humildad a la dirección de Dios en su vida por medio
de…

—la palabra
de Dios

—las
autoridades en su vida

—el consejo
de familiares y amigos

—la
disciplina de Dios

“Señor,
ayúdame a responder de manera rápida y con una actitud positiva ante la
disciplina”.

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección;
porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.
(Proverbios 3:11–12)

Acepte con gratitud todo lo que Dios permite en su vida.

“Señor, ayúdame a ver tu mano amorosa en todas las circunstancias difíciles”.

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.
(1 Tesalonicenses 5:18)

Desarrolle un corazón de siervo hacia los demás.

“Señor, ayúdame a tener un corazón de siervo para responder a las necesidades de los
que me rodean”.

“El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo”. (Mateo 23:11)

Responda positivamente a la reprensión y someta su vida al
propósito de Cristo para usted.

“Señor, que los demás puedan ver tu carácter humilde reflejado a través de mí”.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que
ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí”.

(Gálatas 2:20)[1]

 

Mansedumbre (3:13). La mansedumbre no implica
debilidad, sino poder bajo control. La persona humilde no se enaltece. La
palabra griega empleada aquí se usaba para denominar a un caballo que había
sido domado. La persona mansa sólo busca la gloria de Dios y no la alabanza de
los hombres. La mansedumbre es un fruto del Espíritu (Gálatas 5:23); y no puede
ser fabricada por el hombre. Hay una falsa humildad que algunas personas
equivocan por mansedumbre, pero sólo es una falsificación.

La frase “sabia mansedumbre”, es interesante (3:13). La mansedumbre es el uso correcto
del poder, y la sabiduría es el uso correcto del conocimiento. Ambas van
juntas. La persona verdaderamente sabia mostrará en su conducta diaria que es
hijo de Dios. La actitud y la acción van de mano en mano.

 

4. Mansedumbre

Si la humildad
es la ausencia de orgullo, entonces la mansedumbre es la ausencia de
pasión
. En realidad,
los dos conceptos son muy parecidos. Si acaso, la humildad nos habla de una
disposición a dar preferencia a los demás, mientras que la mansedumbre nos
habla de aquel carácter apacible y tranquilo que adquirimos cuando somos
humildes.

No debemos confundir la mansedumbre con la debilidad. Algunas personas son cobardes por
naturaleza. No se atreven a afrontar situaciones difíciles ni a confrontar a
personas conflictivas. Suelen refugiarse en excusas acerca de su supuesta
humildad y mansedumbre. Pero la mansedumbre auténtica no es cobarde. Se trata
más bien de la determinación de devolver bien por mal, de negarnos a nosotros
mismos y de sufrir daño antes de infligirlo.

La mansedumbre es lo opuesto a la afirmación propia y al propio interés; es una
ecuanimidad de espíritu que ni se desborda en euforia egoísta ni se hunde en
depresión auto-compasiva, simplemente porque no se ocupa en absoluto del propio
yo
.

Aparte de Jesús mismo (Mateo 11:29), Moisés es el gran ejemplo bíblico de mansedumbre
(Números 12:3) y él no fue cobarde en absoluto. No rehuyó las situaciones
difíciles, sino que se atrevió a desafiar a Faraón en su propia corte. No evitó
a las personas conflictivas, sino que intervino con contundencia cada vez que
el honor de Dios era amenazado (por ejemplo, en la rebelión de Coré; Números 16). Pero, a la vez, no se defendió a sí
mismo ante las acusaciones injustas de Miriam y Aarón, sino que dejó su causa
en manos de Dios (Números 12:1–10); y no guardó rencor contra sus hermanos,
sino que intercedió por la sanidad de Miriam (Números 12:11–15). Era manso.[3]

 

Mansedumbre. La mansedumbre se relaciona estrechamente con la gentileza, la moderación, aunque praotēs
(1 Co. 4:21; 2 Co. 10:1; . 5:23; 6:1; Ef. 4:2; Col. 3:12; 2 Ti. 2:25; Tit. 3:2; Stg. 1:21; 3:13; 1 P. 3:15) y praos (Mt. 5:5;
11:29; 21:5; 1 P. 3:4) tienen un significado distintivo, por lo general, se
traducen como «mansedumbre» o «manso». Corresponden a ʿănāna, ʿānî, ʿānāw,
que originalmente significan aflicción y desamparo; pero adquieren un significado
moral y denotan una contrición de espíritu delante de Dios, siendo sinónimo con
humildad (Sal. 22:24–26; 147:6; Is. 11:4; 61:1). La mansedumbre en el AT es primeramente hacia Dios.

En el NT, también, la mansedumbre es humildad nacida de una verdadera humillación delante
de Dios en primer lugar, pero resulta en una gentileza y perdón desinteresado
hacia los demás. En ningún lugar, la Escritura tiene algún significado opuesto
o indigno. Los mansos son poderosos en los propósitos de Dios (cf. Moisés, Nm. 12:3).

William Barclay afirma que praotēs
no es «una gentileza débil», y en tanto que la gentileza está allí, detrás
existe una fortaleza de acero. Moisés y supremamente Cristo la exhibieron (cf.
Mr. 10:13–16 y Jn. 2:14–17).

Bibliografía

J.S. Banks
en HDB; Wm.
Barclay, A
New Testament Wordbook.

R. Colin Craston

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