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¿Cómo saber que estoy a punto de ser infiel? ¿Tengo que confesar mi adulterio a mi cónyuge? ¿Cómo afrontar una infidelidad?

¿Cómo saber que estoy a punto de ser infiel?

Cuando se llega al punto de ser infiel, no podemos decir que fue de repente, lo más seguro es que desde hace tiempo hemos roto nuestra comunión con Dios, no hacemos nuestros devocionales, no oramos, no vamos con alegría a la iglesia, no participamos de corazón en las reuniones con los hermanos, buscamos pretextos para no estar en la palabra. Identifiquemos algunas señales:

1. Señales de predisposición.
• Pensamientos incorrectos acerca del cónyuge.
• Siempre está peleando, no se arregla, está muy gordo (a), no usa desodorante…
• Comparaciones incorrectas.
• Ojala fuera como…, fulano(a) siempre luce bien…, fulano(a) es atento con su cónyuge.
• Deseos.
• Quiero sentirme amada(o), me encantaría ser mejor atendido(a)… Satanás complacerá.
• Provocación de situaciones comprometedoras.
• Citas, visitas, viajes…

2. Señales de seducción, Prov. 5, 6, 7.
• Palabras dulces, Prov. 5:3, 6:24, 7:5, 13 – 21.
• Regalos, comidas o reuniones.
• Inoportunas o sin razón alguna, regalos muy íntimos a uno de los cónyuges, desproporción, regalos de mucho valor.

3. Acciones bajo tinieblas, Prov. 7: 7 – 10, Job 24:15.
• Encuentros en horas y sitios “donde podamos conversar”.
• Intimidad excesiva “confiar secretos”.
• Consejos que solo “él o ella” le pueden dar.
• Trabajos en horas extras (solo los dos).

4. Menosprecio o descrédito del cónyuge.
• El seductor hablará mal de su propio cónyuge.
• El seductor pondrá en duda la integridad del cónyuge de su víctima.

¿Tengo que confesar mi adulterio a mi cónyuge?

Si o no confesar el pecado de adulterio a su cónyuge es un dilema para muchos cristianos que han tenido la desafortunada experiencia de sucumbir al adulterio. ‘Expertos’ mundanos suelen alentar a adúlteros a mantener la boca cerrada sobre sus infidelidades, proclamando que peor daño se hará por confesarlas. El problema con esto es que ahoga la conciencia y no permite el restablecimiento de relaciones que la confesión intenta abarcar. Santiago 5:16 dice, “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados.”

El apóstol Pablo afirmó sabiamente, “Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.” (Hechos 24:16). Aunque principalmente el adulterio es un pecado contra Dios, la Biblia también dice que nuestros cuerpos no nos pertenecen solamente, pero también a la persona con la cual estamos casados (1 Corintios 7:4). El acto físico del sexo es el símbolo de la forma en que una pareja casada se convierte en una sola carne cuando Dios les une en matrimonio (1 Corintios 6:15-16). Por estas razones, una persona que ha cometido adulterio debe orar y permitir que el Espíritu Santo le dirija a él o a ella, confesando la infidelidad en el momento oportuno.

Una conciencia culpable no desaparecerá simplemente por tratar de ignorarlo. De hecho, puede llevar a problemas psicológicos y hasta físicos. Tan difícil como sería para cualquier persona decirle a su esposo o esposa que ha sido infiel, es necesario no sólo para la integridad del matrimonio, sino también para la relación entre la persona y Dios, para que su conciencia pueda estar limpia. De ese modo, será capaz de vivir una vida santa e intachable.

¿Cuál debería ser la respuesta de un cristiano cuyo cónyuge haya tenido una aventura?

La infidelidad es una situación muy difícil y dolorosa. Involucra todas las emociones y, para el cristiano, puede estirar su fe casi hasta el punto de ruptura. La mejor cosa a hacer es “echar toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pedro 5:7). Ve al Señor diariamente por Su consuelo, sabiduría y dirección. Dios nos puede ayudar a través de la más profunda de las pruebas.

El adulterio siempre es malo. “a los adúlteros los juzgará Dios.” (Hebreos 13:4). La parte ofendida debe descansar en la verdad que Dios es el Vengador. La persona inocente no tiene que inquietarse por vengarse. Dios hará un mejor trabajo de eso. Cuando somos heridos, tenemos que encomendar este pecado de adulterio a Quien conoce todos los detalles y responderá adecuadamente.

PERDONAR. “Si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.” (Mateo 6:14, 15 NVI). Esto puede parecer imposible, pero con la gracia de Dios, la víctima puede hacer que su perdón sea un acto de la voluntad, en obediencia a la Palabra de Dios. Guardar amargura afectará las actitudes, las emociones y el deseo de obedecer a Dios, y afectará negativamente las decisiones cotidianas. Esto no significa que el cónyuge ofendido no va a sufrir los efectos del dolor profundo. Pero la gracia de Dios ministrará mucho a sus necesidades. La alternativa es un corazón implacable que pronto será atormentado por pensamientos vengativos, enojo, ira, etc.

SER PERDONADO. “Si confesamos nuestros pecados, [Dios] es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9) Las dos partes deben pedir a Dios que les ayude a ver cómo cada uno de ellos puede haber contribuido a la situación y ser liberados del peso de la culpa ante Dios. Desde ese punto en adelante, habrá libertad para pedir Su consejo y orientación. El Espíritu Santo les ayudará a hacer lo que ellos no podían hacer por su propia cuenta. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Luego, siendo guiados por Dios, el perdón y la reconciliación pueden alcanzarse. Incluso si esto toma tiempo, la pareja debe hacer todo lo posible para perdonarse y reconciliarse. (Ver Mateo 5:23-24). En cuanto a si quedarse o irse, “excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio.” (Mateo 19:9). Mientras que la parte inocente puede tener motivo de divorcio, la preferencia de Dios es el perdón y la reconciliación.

“Yo aborrezco el divorcio—dice el SEÑOR, Dios de Israel.” (Malaquías 2:16) Es mucho mejor intentar resolver los asuntos que causan los problemas, especialmente si hay niños involucrados. La consejería cristiana es útil de alguien que utiliza la Palabra de Dios como la base para el asesoramiento. La oración para orientación en los pensamientos, palabras, acciones y decisiones es crucial.

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