¿Cómo pasamos de la diversión a lo fundamental?

¿Cómo pasamos de la diversión a lo fundamental?

Usando la ilustración de publicidad como modelo, podríamos ver el resultado de la buena enseñanza cristiana como esto: Un estudiante se limpia las trazas de leche de la cara y pregunta a la iglesia: “¿Tienes leche?”

“Tiene valor de diversión y juego”, dijo un vendedor de un nuevo cereal gaseoso, o carbonado, “que chirrea y se le revienta en la boca”. Según un informe en el Wall Street Journal, los vendedores están tratando de poner burbujas en todo porque “es un gran punto de venta rápida entre los chicos. El dióxido de carbono está burbujeando en ciertos lugares sorprendentes [a medida que los vendedores] buscan más emoción para sus productos.” La E-moo es leche carbonada que dice hacer muy divertido el tomar leche. “La carbonación da a los alimentos y a las bebidas un valor de diversión. Cuando usted muerde una pera burbujeante. . . eso es total diversión.”

Tres ideas populares que se están llevando hasta el extremo y que amenazan destruir el ministerio de enseñar que tiene la iglesia son: el cambio, el mercadeo, y la diversión. Nos han convencido, mayormente los estrategistas del mercadeo, que todo rápidamente se hace obsoleto. Se presenta el cambio como un valor positivo casi sin ninguna excepción. Cualquier tipo de resistencia al cambio se presenta como anticuado y malo. La palabra diversión se usa para vender no sólo juguetes, deportes, viajes de vacaciones, y películas, sino también comida, ropa, muebles, automóviles, computadoras. . . y ahora hasta la escuela dominical. Casi se nos obliga a creer que todo valor debe venderse, así como cualquier producto en el mercado, y que la mejor manera de venderlo es hacer que parezca divertido. Se han de evitar palabras como escuela, estudio, y educación. A nuestras clases las llamamos hermandades y les damos los nombres de programas de televisión populares.

Los que producen materiales de currículo hacen énfasis en que las lecciones son divertidas y fácil de preparar. Todo lo que se necesita es esta caja de llamativos colores. ¿Qué pensaría usted de su llamado y su preparación para el ministerio si todo lo que necesitara fuera un sermón empaquetado y una presentación de video diseñada por los expertos en el campo de la diversión? ¿Cómo se adaptan los educadores cristianos que sienten un llamado al ministerio a la idea de que nuestro éxito depende de formar un producto como algo divertido para dirigirlo a un mercado específico? ¿Cómo respondemos al corriente énfasis en la diversión y el entretenimiento como herramientas ideales para el alcance evangelístico y la educación cristiana?

PIÉNSELO

“Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano”. Estas palabras de Eclesiastés 7:18 describen el ministerio de la educación. La educación mira a ambos lados. Preserva la verdad y el conocimiento del pasado y ofrece el fundamento sobre el que se puede edificar correctamente para el futuro. Estudiamos y oramos para poder captar la verdad del eterno plan de Dios. Ser educado quiere decir que hemos recibido conocimiento y experiencia. Luego estudiamos y oramos y nos eforzamos por entender las tendencias culturales que dan forma al pensamiento y al comportamiento en el presente. Nuestro propósito es dar forma al patrimonio cristiano, y también estimular al nuevo pensamiento y a la acción. Las posiciones extremas por lo regular llevan a la confusión y al error. De modo que debemos enseñar que la verdad de Dios es absoluta, y que también puede aplicarse de formas innovativas. Dios no cambia. Las culturas cambian. Las necesidades básicas de las personas no cambian. La cultura crea nuevas situaciones que nos exigen satisfacer nuestras necesidades básicas de formas apropiadas. La función de la educación es preservar el pasado, desarrollar el potencial presente, y estimular resultados futuros.

La idea del cambio presenta una amenaza a la educación cristiana cuando los líderes, creyendo que los niños y la juventud posmodernos rechazan toda tradición, se van a extremos. Por ejemplo, puede que los maestros y los pastores de niños saquen todo lo que parezca religioso de los salones donde se reúnen. Pintan las paredes con caras desfiguradas y animales, y con escenas de la ficción científica. Tratan de hacer de cada lección un juego o programa de televisión. Creen que todo debe ser tan nuevo y emocionante como la última tecnología de ondas. No captan la importancia de la inmutable santidad. He leído las palabras de pastores de mega iglesias acosejándonos que eliminemos las biblias de los bancos, y hasta llegan a sugerir que los viejos que insisten en llevar tan obviamente su biblia a los cultos intimidarán a las visitas que no tienen afiliación con ninguna iglesia. Esto es lo que quiero decir con extrema reacción, que va más allá de la verdadera comprensión de lo que es la naturaleza humana y las necesidades básicas del ser humano.

Estudios sobre el desarrollo humano han concluido que a los niños no les gusta el mucho cambio. A menos que sean especialmente estimulados para que deseen un producto nuevo, la mayoría de ellos prefiere lo que les es conocido. Se emocionan y gozan con las presentaciones electrónicas, pero son más influenciados por una voz conocida que es tierna y amorosa. A los adolescentes nos les disgusta toda la tradición. No se van de la iglesia porque sea demasiado tradicional, a menos que los hagamos sentirse no comprendidos y rechazados con nuestra extrema rigidez y crítica. Por lo regular, perdemos a los jóvenes porque fallamos en incluirlos y conectarlos significativamente con el patrimonio cristiano. Con frecuencia, lo que tomamos por rebelión o desdén de la tradición es en realidad un grito de frustración.

Un ejemplo de esto es un informe llamado “New Wheels for Generation Y” [“Nuevas ruedas para la generación Y”]. En una exhibición de automóviles de concepto, un respetado diseñador declaró: “Los chicos de hoy se visten informales y llevan consigo toda esta diversión. Les daremos cierta fantasía, cierta emoción. . . . Llevaremos a la gente a un mundo diferente.”

Pero un joven estudiante de diseño no estuvo de acuerdo, diciendo: “Eso sería un gran error. La gente tiene esta imagen estereotípica de que los jóvenes quieren [algo] totalmente descabellado. . . . En realidad, quieren algo inteligente. . . pero eso no quiere decir grotesco.”

Ni las nuevas generaciones ni las personas seculares quieren que lo cambiemos todo para que les parezca bien a ellos. Ellos quieren que la vida tenga sentido. Quieren que nosotros los comprendamos, que los amemos, y que los hagamos parte de nuestra vida. Necesitan empatía y aprecio más que cambio y diversión.

¿CUÁNTO ENSEÑA LA DIVERSIÓN?

Los buenso maestros siempre han diseñado maneras interesantes y placenteras de presentar el contenido de la lección. Las personas de todas las edades siempre han encontrado verdadero placer y satisfacción en aprender. La idea de tratar intencionalmente de hacer que el aprender sea divertido nació de la televisión. Uno de los primeros programas que dijo tener el propósito de enseñar fue Sesame Street [Barrio Sésamo]. Neil Postman, en Amusing Ourselves to Death [Divirtiéndonos hasta morir], dice que el programa generalmente fue aprobado por los educadores que pensaron que ayudaría a enseñar a leer a los niños y a alentarlos para que amaran la escuela. Varios estudios y experimentos con los resultados han indicado que los niños no aprenden mejor el contenido con graciosos títeres y cancioncillas fáciles de recordar que con los buenos, tradicionales métodos. Los estudios muestran que los niños sí recuerdan algo del contenido que tiene la intención de educar, pero que recuerdan más sobre los personajes y el drama. Numerosos informes de otras fuentes están de acuerdo con la declaración de Postman de que los programas de televisión enseñan a los niños a amar los programas de televisión, no la escuela.

En un informe sobre la importancia que los niños y los padres dan a los populares programas de video que tienen temas bíblicos, vemos la misma tendencia a recordar más sobre la acción y la tecnología que sobre el mensaje que tratan de comunicar. Se pidió a los niños y los padres que vieron ciertos videos cristianos populares que los clasificaran e hicieran comentarios. La mayoría les asignó buena categoría, diciendo que las presentaciones estaban bien hechas, que eran bíblicamente sanas, e interesantes para mirar. Pero entre los niños ninguno mencionó a Dios ni la Biblia. Un niño mencionó una lección moral específica. Todos los demás comentarios tuvieron que ver con los chistes, la tecnología, los actores, la música y las buenas o emocionantes aventuras. Ningún niño mencionó haber aprendido ninguna verdad bíblica de los videos. Nadie hizo la concexión entre un personaje del video y un personaje bíblico. Ninguno de los comentarios de los padres incluyó la mención de Dios. Uno mencionó un tema moral. Todos los demás comentarios hicieron referencia a la buena tecnología y a la producción. El asunto es, como han declarado muchos meticulosos eruditos, que el medio influencia mucho el mensaje. Los medios como video y presentaciones dramáticas con trucos mágicos y payasos deben usarse juiciosamente para evitar que los que los ven recuerden más sobre la presentación que sobre la lección que se supone deben impartir.

¿POR QUÉ SE PARECE JESÚS A MI PERRO? ¿ES QUE ÉL ES UN PASTOR ALEMÁN?

El mayor defecto de la diversión cristiana es la creencia de que los niños pueden comprender metáforas y cuentos alegóricos. Evidencia de esto se encuentra en los numerosos supuestamente divertidos relatos sobre cómo reaccionan los niños. Un ejemplo es la manera en que una clase de adultos se rio del niño que preguntó si Jesús era un pastor alemán como su perro. Un buen maestro ve más allá del humor. Los niños necesitan explicaciones explícitas. Aprenden más de las palabras sencillas, como Jesús te ama, que de lo que aprenden de cuentos sobre un buen pastor o de algún vegetal que cuida ovejas. Aún los adolescentes y muchos adultos se confunden, o simplemente sólo se divierten, con los juegos divertidos y los dibujos animados que se supone que imparten una lección. A veces los dibujos de colores llamativos, las rápidas imágenes de video, y los conmovedores ritmos disfrazan más y expresan menos.

Dawson McAllister, un proclamado experto sobre la juventud y la cultura, dice: “Divertimos a los adolescentes hasta la muerte. A ellos les encanta, pero. . .” Él dice que los jóvenes se cansan pronto de una clase de diversión y buscan algo más emocionante. Él citó una encuesta entre 30.000 adolescentes que habían permanecido en la iglesia por algún tiempo. La pregunta fue “¿Por qué permaneces?” Sólo 3.6 por ciento de los chicos escogió “diversión”, pero 57.1 por ciento escogió “Me ha ayudado a crecer como cristiano.”

¿CÓMO SE RELACIONA EL MERCADO CON LA MISIÓN?

El argumento más persuasivo para el uso de medios y métodos culturalmente relevantes es que debemos tender un puente entre la iglesia y la cultura para atraer a las personas sin iglesia. Creemos que Jesús nos dejó con una misión, y en términos de hoy día, debemos vender el mensaje de la salvación. De modo que buscamos una manera de poner a la venta el mensaje.

Esto nos lleva a copiar las estrategias para dar publicidad y divertir. En nuestro sincero deseo de ganar el interés y la atención de los que no van a ninguna iglesia, a veces nos vamos a extremos y prestamos más atención al mercadeo que a la misión.

En una reciente publicación secular un escritor explicó algunas de las ventajas de las escuelas cristianas. Dijo que ofrecen buena enseñanza, y que la influencia del mercadeo las ha obligado a moderar el lugar que ocupa la religión en ellas. Dijo que las fuerzas de mercadeo ablandan la religión a medida que las escuelas compiten para atraer alumnos. Esto hace a las escuelas cristianas más aceptables en la sociedad en general. Él creyó haber hecho una declaración positiva, pero para nosotros es una advertencia.

También es relevante la queja que leemos en muchas publicaciones nacionales sobre la inflación de las notas en nuestras escuelas y universidades. Un profesor de la universidad de Missouri escribe: “Las universidades están ahora modeladas según la corporación. . . . A los estudiantes se les llama clientes y los vice presidentes se preocupan por ofrecer el mejor servicio al cliente. ¿Cuál es la mejor manera de mantener al cliente contento? Darles lo que quieren.”

Nuestro desafío es (1) estar al tanto y ser relevante para alcanzar nuestro mercado sin permitir que las adaptaciones culturales ablanden el mensaje, y (2) no estar tan consumidos con la idea de ofrecer una experiencia agradable inmediata hasta el punto de descuidar el ministerio de enseñar. McAllister dice que su experiencia lo lleva a concluir que no debemos ser negativos y condenar nuestras tendencias culturales, sino por el contrario, “. . . si usted y yo dejamos ver con nuestro ejemplo el amor de Dios y dejamos que los jóvenes vean nuestro corazón y nuestros valores, podemos concentrarnos mucho más en nuestro propósito. . . y mucho menos en las apariencias externas de nuestra cultura.”

Entre los mejores ejemplos de moverse hacia la adaptación cultural están los clubes de jóvenes auspiciados por la iglesia en los que la música de moda (al estilo hip-hop) es el vehículo para el ministerio. Hace poco la revista Christianity Today publicó un sobrio informe en el que los autores comparan el ministerio popular (al estilo de hip-hop) a las estrategias interculturales que usan los misioneros para evangelizar a los pueblos no alcanzados. Citan a líderes de populares clubes de jóvenes que explican cómo usar el hip-hop para “dar luz al mensaje del evangelio.”

Un ministro de jóvenes explica que la música hip-hop promueve la brutal sinceridad y expresa la necesidad que tienen los jóvenes de mantenerlo todo real. “Debemos estar dispuestos a reconocer nuestras faltas”, dice él, y ayudar a los jóvenes a “experimentar un mensaje bíblico dentro de su propio contexto cultural.” Los cristianos mayores pueden parecer santurrones y no dispuestos a hacer las debidas adaptaciones según las necesidades de las generaciones más jóvenes que preguntan y buscan. Debemos apreciar a las personas y aceptarlos como productos de nuestra cultura.

Luego en un chocante ejemplo del sincretismo posmoderno, los autores de este artículo citan a otro líder de jóvenes: “Nuestro uso de la música rap y hip-hop es sólo la leche para hacer que la gente llegue a la carne del discipulado y la verdad bíblica.” Nos aconsejan que usemos emocionantes estrategias populares como nuestra leche para hacer llegar a la gente al evangelio. Terminan el artículo con una línea popular de publicidad, y preguntan a la iglesia: ¿Tienes leche?

El uso bíblico de la metáfora de la leche no es que la leche se da para atraer a los infantes. Se da para alimentar a los infantes. Alimentar no es lo mismo que simplemente atraer. Divertir puede servir para atraer. La educación es para alimentar. Debemos tener cuidado de no envolvernos tanto en la relevancia cultural y las estrategias de mercadeo hasta el punto de descuidar los propósitos educativos básicos y las habilidades para enseñar. Pedro dice: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:2,3). La diversión y el entretenimiento ponen en peligro el crecimiento espiritual cuando nos vamos a los extremos. Pueden crear apetitos para algo siempre más emocionante, como la leche gaseosa y las peras con burbujas.

Usando la ilustración de publicidad como modelo, podríamos ver el resultado de la buena enseñanza cristiana como esto: Un estudiante se limpia las trazas de leche de la cara y pregunta a la iglesia: “¿Tienes carne?”


Sin título

 

 

 

 

Billie Davis, Ed.D., es catedrática emerita de educación, psicología, y sociología en Evangel University, Springfield, Missouri.

Referencias

McAllister, Dawson, Saving the Millennial Generation. Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1999.

Postman, Neil, Amusing Ourselves to Death. New York: Penguin Books, 1986.

Wall Street Journal. 4, 14 de enero de 2002.

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