¿Cómo podemos saber si nuestra fe y nuestra salvación es real/verdadera?

La Biblia provee un entendimiento claro de una genuina fe salvadora – la fe verdadera produce buen fruto. En Su parábola del sembrador, el Señor Jesús enseño que, mientras los incrédulos no den fruto, aquellos que son salvos serán fructíferos. En esta parábola, tres de las cuatro tierras no dieron fruto, ejemplos vívidos de la recepción de la Palabra de Dios que nunca resultaron en salvación.

En contraste, plantas que dan fruto prosperan en tierra buena el cual es ejemplo de un corazón redimido. Jesús dijo, “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mateo 13:23). Todo creyente da fruto, aunque no igual.

La Biblia también describe lo que es buen fruto. La lista que continúa da las características de una genuina fe que salva. En esencia, sirve como un guía para la inspección de buen fruto (2 Corintios 13:5). Si no estás seguro de la realidad de tu fe, por favor toma tiempo para estudiar esta lista, leyendo cada uno de los pasajes de las Escrituras.

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Cuando me recogiste los libros, hiciste mucho más…

Un simple gesto

“Todo el mundo puede ser grande… porque cualquiera puede servir. Para eso no necesitas tener un título universitario. No necesitas hacer que sujeto y verbo concuerden. Lo único que necesitas es un corazón pleno de gracia, un alma nacida del amor.”
Martin Luther King

Mark volvía caminando de la escuela cuando advirtió que el muchacho que caminaba delante de él había tropezado y se le habían caído todos los libros que llevaba, además de dos jerséis, un bate de béisbol, un guante y un pequeño magnetófono. Mark se arrodilló para ayudarle a recoger los objetos desparramados y, como iban por el mismo camino, le ayudó a llevar parte de la carga. Mientras caminaban, supo que el chico se llamaba Bill, que le encantaban los vídeo-juegos, el béisbol y la historia, que tenía muchos problemas con las demás asignaturas y que acababa de romper con su novia.

Primero llegaron a casa de Bill, donde invitaron a Mark a que entrara a tomar un refresco y a ver la televisión un rato. La tarde pasó agradablemente, entre algunas risas y algo de charla intrascendente, luego Mark se fue a su casa. Los dos chicos siguieron viéndose en la escuela, almorzaron juntos un par de veces y, finalmente, ambos terminaron la primaria. Casualmente fueron a la misma escuela secundaria, donde siguieron teniendo breves contactos durante años. Finalmente, llegado el tan esperado último año, tres semanas antes del día que finalizaban los cursos, Bill le preguntó a Mark si podían conversar un rato.

Le recordó aquel día, años atrás, en que se habían conocido, y le preguntó:

—¿Nunca te extrañaste de que ese día volviera a casa tan cargado de cosas? Había vaciado mi armario porque no quería cargar a nadie con ese desorden. Había ido guardando algunas pastillas para dormir de mi madre y volvía a casa con intención de suicidarme. Pero después de haber pasado un rato contigo, charlando y riéndonos, me di cuenta de que si me hubiera matado habría perdido aquellos momentos y muchos otros que podían haberles seguido.

Entonces, Mark, ya ves que aquel día, cuando me recogiste los libros, hiciste mucho más… Me salvaste la vida.

 

John W. Schlatter

#Team5Solas Doctrinas que transformaron al mundo durante y después de la Reforma Protestante

¿Qué fue la Reforma Protestante?

 

 

 

Para entender la historia de la Iglesia Protestante y la Reforma, es importante comprender primeramente que uno de los reclamos que hace la Iglesia Católica Romana es la de la sucesión apostólica. Esto simplemente significa que ellos claman ser la única autoridad sobre todas las otras iglesias y denominaciones, porque afirman contar con la única ascendencia de Papas católicos romanos a través de los siglos, en línea directa hasta el apóstol Pedro. En su perspectiva, esto le da a la Iglesia Católica Romana una autoridad única que invalida a todas las otras iglesias o denominaciones. De acuerdo con la Enciclopedia Católica, esta sucesión apostólica “es encontrada únicamente en la Iglesia Católica” y ninguna “Iglesia separada tiene alguna reclamación válida ante ello.”

Es por esta sucesión apostólica que la Iglesia Católica Romana reclama una autoridad única para interpretar la Escritura y para establecer la doctrina; así como la afirmación de tener un líder supremo en el Papa, el cual es infalible (sin error) cuando habla “ex cátedra” – esto es en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos. Por lo tanto, de acuerdo con la postura católica romana; la enseñanza o tradiciones de la Iglesia Católica Romana, habiendo provenido del Papa, son tan infalibles y autoritativas como las mismas Escrituras. Esta es una de las mayores diferencias entre los católicos romanos y los protestantes, y fue una de las razones fundamentales para la Reforma Protestante.

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Declaración de Fe

¿Qué creemos?

Declaración de Fe

 


1. LAS SAGRADAS ESCRITURAS.
Creemos que la Santa Biblia es un libro sobrenatural y que es la Palabra de Dios. Ella es la revelación completa, final y plena de la voluntad de Dios para el hombre. Creemos que las Sagradas Escrituras en sus documentos originales, tanto las del Antiguo como las del Nuevo Testamento, (exceptuando los libros apócrifos), fueron inspiradas verbalmente por Dios y son sin error y dignas de toda confianza y constituyen nuestra suprema autoridad en todo lo concerniente a nuestra fe y conducta, interpretándose en sus sentidos gramático-histórico-cultural, bajo la guía del Espíritu Santo.
Salmos 119:9-12, 89; Juan 15:3, 17:17; 2 Timoteo 2:15, 3:14; 1 Pedro 1:10-12; 2 Pedro 1:20-21; Apocalipsis 22:18-19.
2. DIOS.
Creemos que hay un sólo Dios Vivo y Verdadero, Personal, Eterno, Perfecto en Justicia, Infinito en poder, sabiduría y bondad, Santo, Misericordioso, el cual es Hacedor y Sustentador de todo cuanto existe. Creemos que hay un solo Dios que existe en tres personas con la misma Naturaleza, Atributos y Gloria: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.
Isaías 7:14, 9:6-7; Juan 14:16; Mateo 28:19, 6:25-32, 10:28-31; Salmos 19:9, 100:5, 139:1-6; 1 Juan 1:5.

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¡Acércate a Dios!

Descubre cómo pasar la Eternidad con Dios

Descubre cómo recibir el perdón de Dios

En el fondo de toda persona, hay un lugar interno que fue creado para una sola cosa: relacionarse con Dios. No importa cuánto tratemos de ocultarlo o llenar ese vacío con otra cosa, nunca quedaremos satisfechos.

Nuestros corazones permanecerán inquietos hasta que encuentren su morada en Dios. Esa parte profunda y oculta está dentro de su ser, aunque usted no la haya percibido sino hasta ahora.

Pero desafortunadamente, hay un problema. Existe una barrera entre Dios y el hombre. Se llama pecado —una palabra que se refiere a todas las maneras en las que estamos alejados del diseño divino para la humanidad.

Cuando los primeros seres humanos se rebelaron contra Dios, el pecado pasó a ser parte de la condición humana. Desde entonces, ha sido transmitido como una enfermedad hereditaria, de ancestro a ancestro, hasta nuestra generación actual.

En la Biblia, Romanos 3.23 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Y en Romanos 6.23, aprendemos que “la paga del pecado es muerte”*

En otras palabras, todas las personas necesitan “resucitar de los muertos”, espiritualmente hablando. Pero no hay nada que podamos hacer nosotros mismos para eliminar esta barrera de muerte. Ninguna cantidad de buenas obras de nuestra parte puede cambiar nuestro destino eterno.

 

¿Qué clase de coraje necesitaría para decirle a mi mujer que la amaba?

Ed, el hombretón

Cuando llegué a la ciudad para presentar un seminario sobre cómo dirigir una empresa con autoridad, un pequeño grupo de personas me llevó a cenar para ponerme al corriente de la gente a quien tendría que dirigirme al día siguiente.

El líder manifiesto del grupo era Ed, un corpulento hombretón de voz profunda y retumbante, que mientras cenábamos me informó de que era mediador de conflictos laborales en una gigantesca organización internacional. Su trabajo consistía en infiltrarse en ciertas divisiones de la empresa o de empresas subsidiarias para finalmente quitarle el empleo al ejecutivo responsable de ellas.

—Joe —me dijo—, realmente no veo el momento de que llegue mañana, porque a toda esa gente le hace falta escuchar a un tipo recio como tú. Ahora se enterarán de que mi estilo es el correcto.

Con una sonrisa tosca, me guiñó un ojo.

Me limité a sonreír. Yo sabía que el día siguiente sería diferente de lo que él esperaba.

Al día siguiente se quedó sentado, impávido durante todo el seminario, y cuando terminó se fue sin decirme nada.

Tres años después regresé a aquella ciudad a presentar otro seminario de administración para el mismo grupo de personas. Ed, el hombretón, estaba otra vez allí. A eso de las diez, de pronto, se levantó para preguntarme en voz muy alta:

—Joe, ¿puedo decir algo a esta gente?

—Claro —le respondí con una sonrisa forzada—. Cuando alguien es tan grande como tú, Ed, puede decir lo que quiera.

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