#VotoCristiano Elecciones El Salvador 2018

¿Espera Dios que los cristianos voten?

Más allá de cualquier sombra de duda, votar es el deber y la responsabilidad de cada cristiano y votar por los líderes que promueven los principios cristianos. Ciertamente Dios está en control, pero eso no significa que no hagamos nada para fomentar Su voluntad.

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¿Cómo podemos saber si nuestra fe y nuestra salvación es real/verdadera?

La Biblia provee un entendimiento claro de una genuina fe salvadora – la fe verdadera produce buen fruto. En Su parábola del sembrador, el Señor Jesús enseño que, mientras los incrédulos no den fruto, aquellos que son salvos serán fructíferos. En esta parábola, tres de las cuatro tierras no dieron fruto, ejemplos vívidos de la recepción de la Palabra de Dios que nunca resultaron en salvación.

En contraste, plantas que dan fruto prosperan en tierra buena el cual es ejemplo de un corazón redimido. Jesús dijo, “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mateo 13:23). Todo creyente da fruto, aunque no igual.

La Biblia también describe lo que es buen fruto. La lista que continúa da las características de una genuina fe que salva. En esencia, sirve como un guía para la inspección de buen fruto (2 Corintios 13:5). Si no estás seguro de la realidad de tu fe, por favor toma tiempo para estudiar esta lista, leyendo cada uno de los pasajes de las Escrituras.

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Cuando me recogiste los libros, hiciste mucho más…

Un simple gesto

“Todo el mundo puede ser grande… porque cualquiera puede servir. Para eso no necesitas tener un título universitario. No necesitas hacer que sujeto y verbo concuerden. Lo único que necesitas es un corazón pleno de gracia, un alma nacida del amor.”
Martin Luther King

Mark volvía caminando de la escuela cuando advirtió que el muchacho que caminaba delante de él había tropezado y se le habían caído todos los libros que llevaba, además de dos jerséis, un bate de béisbol, un guante y un pequeño magnetófono. Mark se arrodilló para ayudarle a recoger los objetos desparramados y, como iban por el mismo camino, le ayudó a llevar parte de la carga. Mientras caminaban, supo que el chico se llamaba Bill, que le encantaban los vídeo-juegos, el béisbol y la historia, que tenía muchos problemas con las demás asignaturas y que acababa de romper con su novia.

Primero llegaron a casa de Bill, donde invitaron a Mark a que entrara a tomar un refresco y a ver la televisión un rato. La tarde pasó agradablemente, entre algunas risas y algo de charla intrascendente, luego Mark se fue a su casa. Los dos chicos siguieron viéndose en la escuela, almorzaron juntos un par de veces y, finalmente, ambos terminaron la primaria. Casualmente fueron a la misma escuela secundaria, donde siguieron teniendo breves contactos durante años. Finalmente, llegado el tan esperado último año, tres semanas antes del día que finalizaban los cursos, Bill le preguntó a Mark si podían conversar un rato.

Le recordó aquel día, años atrás, en que se habían conocido, y le preguntó:

—¿Nunca te extrañaste de que ese día volviera a casa tan cargado de cosas? Había vaciado mi armario porque no quería cargar a nadie con ese desorden. Había ido guardando algunas pastillas para dormir de mi madre y volvía a casa con intención de suicidarme. Pero después de haber pasado un rato contigo, charlando y riéndonos, me di cuenta de que si me hubiera matado habría perdido aquellos momentos y muchos otros que podían haberles seguido.

Entonces, Mark, ya ves que aquel día, cuando me recogiste los libros, hiciste mucho más… Me salvaste la vida.

 

John W. Schlatter